Este texto está lleno de estereotipos. Ignorando
la posible injusticia de caracterizar indebidamente un grupo entero de
personas o la posibilidad muy real de ser demandado
por calumnia, refrenamos nuestras ganas de ironizar y discutimos los
puntos de vista comúnmente sostenidos a cerca de la personalidad
de los matemáticos.
La persona media corriente, cuando piensa en los
matemáticos tiende a considerarlos inteligentes, abstractos, hiperlógicos,
socialmente retraídos, preocupados, idos, miopes o -para usar un
adjetivo abarcador- tostonazos. ¿Es válida esta apreciación?
¿Muestran los matemáticos en realidad estos rasgos de carácter
o son víctimas de una extendida falsa idea?
Hace unos años, George Pólya,
un profesor muy respetado como matemático y apreciado como docente,
trató este mismo punto. Recordando las experiencias de toda una
vida, Pólya identificó dos característica comunes:
|
¥
2
__
ò 0 e-x dx = Ö p / 2 |
Para muchos, el calzado preferido
son las sandalias con calcetines negros, y para otros, calzarse significa
colocarse un par nuevo de tenis.
Debemos traer aquí la imagen cómica
con que se representa a los matemáticos en bata
de laboratorio de pie delante de una pizarra repleta de números.
Los matemáticos, de hecho, pasan una cantidad de tiempo desproporcionada
mirando pizarras repletas de símbolos. Pero nunca lavan batas
blancas de laboratorio. Hay la misma probabilidad de ver vestido con bata
a un luchador de sumo que a un matemático. ¡Qué tomen
nota los dibujantes de tiras cómicas!
Entre los matemáticos varones abundan los
barbudos. Las caras pobladas de pelo son el
uniforme oficioso de la profesión quizá porque afeitarse
es ilógico. La opinión común sugiere que aproximadamente
el 50 por 100 de los matemáticos varones son hirsutos. El único
sitio donde es probable que nos encontremos con más barbas es en
un congreso de Santas Clauss o en el saludo de los actores después
de El violinista sobre el tejado.
Luego están las lentes.
Son de un tipo casi universal. Por supuesto, hay veces en que los matemáticos
distraídamente se colocan mal las gafas, pero por lo general se
les puede ver mirando atentamente detrás de sus gafas graduadas,
aunque el objeto de su observación pueda ser una ecuación
o polígono invisibles.
Los matemáticos también son conocidos
por su tipo distinto de humor, una clase con
frecuencia descrita como "seco", aunque "reseco " podría ser más
exacto. Éste, a su vez, se puede subdividir en dos categorías,
que podemos llamar "bajo" humor matemático y "alto" humor matemático.
El humor bajo implica la confusión pretendida
de la terminología matemática. A lo largo de decenas de siglos
los matemáticos han generado un amplio léxico de términos
técnicos. Algunos de éstos, como homotopía o difeomorfismo,
permanecen como exclusiva posesión de los especialistas. Otros,
como matriz o parámetro, se han filtrado hasta
el lenguaje común, donde a diario se los usa inadecuadamente. Sin
embargo, en otros casos las palabras cotidianas se han adaptado e introducido
en el vocabulario de los matemáticos. Así, existen significados
matemáticos precisos para términos como campo o grupo
o lápiz.
Todo esto permite a los matemáticos
intercambiar los significados técnicos y comunes de las palabras
a placer. Llamarán a una reunión de colegas un "grupo finito"
bromeando con toda intención. Describirán un conjunto de
gemelos no como idénticos, sino como "isomorfos". Cuando una situación
está mejorando, los matemáticos dirán que tiene una
"derivada positiva".
Los matemáticos también explotan las
palabras que suenan parecidas. Todo el mundo ha oído chistes en
los que "hipotenusa" se toma como el nombre de un gran mamífero
acuático. El número p probablemente
ostenta el récord de malos juegos de palabras relacionadas con la
repostería ( pie, en inglés, es pastel ).
Afortunadamente, hay una forma superior de humor
matemático que va más allá de los meros juegos de
palabras, lo que habitualmente implica una distorsión de la lógica.
El humor surge, tras pensarlo un momento, de una especie de inconsistencia
lógica. Los matemáticos, cuya formación académica
está dirigida por la lógica, encuentran especialmente divertido
cuando los engranajes se salen de su sitio.
Comencemos con un ejemplo de Pólya.
Mirando atrás al final de su carrera, recordaba con nostalgia su
cariño de toda la vida por la disciplina de la filosofía
y escribía: "¿Qué es un filósofo? La respuesta
es: Un filósofo es uno que lo sabe todo y nada más" (8).Esta
agudeza tiene la clase de circunvolución lógica que los matemáticos
encuentran divertida.
En una linea semejante está el comentario
del físico Wolfgang Pauli, quién poseía brillantez
y arrogancia aproximadamente en las mismas proporciones y que en una ocasión
denigró a un nuevo colega con el sorprendente retorcido comentario:
"Es muy joven y ya tan desconocido"(9).
O la descripción de Stephen Bock de un hombre muy protegido
y de sus sueños: "Leer era algo que Jay conocía sólo
por los libros; sin embargo, tenía una gran inquietud por experimentarlo
por sí mismo" (10).
El uso -o mal uso- de la lógica también
figura en la historia del matemático Henry Mann, de quien
se cuenta que condujo en su coche a un grupo de colegas a una reunión
científica en Cincinnati. Desconocedor de las calles de Cincinnati,
Mann se perdió por completo. Sus colegas, aunque inquietos,
permanecieron callados hasta que se dieron cuenta de que se habían
metido por una calle en dirección prohibida. Pero Mann rechazó
sus advertencias. Esta calle no podía ser de una sólo dirección,
apuntó; pues su coche iba en una dirección y muchos
otros venían hacia ellos en dirección contraria(11).
Éstos son ejemplos de lógica puestos
patas arriba. En la siguiente historia, el humor residen la pronunciación
del idioma inglés. El matemático polaco Mark Kac inmigró
a los Estados Unidos e intentó dominar el aveces inexplicable lenguaje
inglés. Especialmente dificultosas eran las palabras que, aunque
tenían la misma terminación, se pronunciaban de forma diferente.
Por ejemplo, la terminación "ow" podía pronunciarse ou,
como grow o know, o bien au, como cow o how.
Por supuesto, la palabra bow, con las dos pronunciaciones diferentes
(bou y bau), entrañaba lo peor de las dos dificultades.
En cualquier caso, el profesor Kac, al esforzarse
en resolver este problema, constató que la palabra snowplow
(quitanieves) era doblemente extraña, ya que la misma "ow" se pronunciaba
de dos maneras diferentes dentro de la misma palabra (snouplau).
Consciente de esto, tuvo un cuidado especial en recordar su pronunciación
ilógica. Desgraciadamente, intercambió las variantes, de
modo que en vez de rimar snowplow con grow-cow, lo rimó
con cow-grow (12).
Finalmente, existe una historia con su propio giro
sorprendente. Durante un momento informal en una reunión matemática,
una joven admiradora pidió un autógrafo al famoso matemático
R. H. Bing. Con él en la mano, pidió a Paul Halmos,
otro matemático famoso, que le firmara en la misma hoja. Así,
tendría en su mano el equivalente matemático de una página
firmada conjuntamente por parejas famosas de comediantes o deportistas,
como Gilbert y Sullivan, o Ruth y Gehring, o Siskel y Ebert.
Cuando mostró su trofeo a un colega, inmediatamente
le dijo: "Te doy veinticinco dólares por esa pareja". Pero otro
matemático más listo saltó decididamente: "De acuerdo,
pero yo te daré cincuenta si me dejas firmar debajo del de
ellos".
Estos ejemplos indican la clase de humor popular
entre los matemáticos. Tras pensarlo un momento, la reacción
típica no es necesariamente reírse del humor, sino apreciarlo.
El humor matemático no es grotesco ni hilarante, sino más
bien cerebral. Sospecho que muy pocos matemáticos figuran en el
club de los Three Stooges (nombre de une famoso compañía
cómica americana).
Si la vestimenta y el humor, la excentricidad y
la distracción sitúan a los matemáticos aparte, su
identidad compartida puede considerarse como
una especie de mecanismo de defensa. En los números es donde verdaderamente
se sienten fuertes.
Por ejemplo, existe una impresión generalizada
de que los matemáticos son meros contables que se pasan el día
sumando columnas de números. La matemática poetisa JoAnne
Growney, al constatar esta percepción, se sintió movida
a escribir estos versos:
Ah, tú eres un matemático,
¥
2
__
ò 0
e-x dx = Ö p
/ 2
Cesa la conversación.
Los vasos dejan de entrechocarse. Se produce un silencio de muerte. Los
asistentes miran su reloj o cogen sus abrigos. Muchos muestran señales
de terror. La fiesta se ha acabado.
¥
2
__
ò 0
e-x dx = Ö p
/ 2
no sólo es verdadera, sino esencial para entender la distribución
normal de la probabilidad. La distribución normal, a su vez, subyace
en el corazón de la inferencia estadística. La investigación
médica, los datos de las encuestas y montones de otras cuestiones
importantes dependen de la validez de esta fórmula. Como tal, es
mucho más importante para la vida moderna que los dragones de Komodo
o los vinos de mesa. Sin embargo, pocas personas que no son matemáticas
tienen el más mínimo aprecio del poder encerrado en este
conjunto de símbolos. Sólo otros matemáticos lo "captan"
totalmente. Como grupo deben enfrentarse lo mejor que puedan con esta falta
de comprensión del público. Es la dura realidad de la vida.
Y así, si uno se tropieza con un grupo de
individuos con gafas, atolondrados, todos ellos hablando seriamente, algunos
llevando calcetines y sandalias, y ninguno con bata de laboratorio; si
parecen constituir un grupo finito haraganeando alrededor de una
tabla trigonométrica haciendo chistes malos, y, ademas, si alguno
de ellos piensa que los Three Stooges son en absoluto divertidos, entonces
se pueden aportar confiadamente que nos encontramos en presencia de matemáticos.
Por favor, trátelos con cariño.