La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza
posible:
A veces las monedas en ejambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habráparaíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencias sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de
sangre.
Poeta en Nueva York
{1929-1930]
Obras Completas, Galaxia
Gutemberg/Círculo de Lectores
Barcelona, 1996