El deslumbramiento
de los futuristas ante. el«mundo moderno», ante una «nueva
era maquinística en que parecían multiplicarse los poderes
del hombre, no -dejaba de tener justificación. Además, no
eran ellos solos quienes lo - experimentaban, aunque lo expresasen más
ruidosamente, llevando su entusiasmo a las últimas y desaforadas
consecuencias. Múltiples signos parecían darles la razón.
En 1909 exactamente —al filo del primer manifiesto futurista— Blériot
realiza la primera hazaña aérea: da un salto sobre el Canal
de la Mancha; la producción de For d
supera los diez mil coches anuales; Lee de Forest hace los primeros ensayos
de radiotelefonía, transmitiendo la vqz de Caruso desde el Metropolitan
de Nueva York; se ensaya la transmisión de imágenes por radiotelegrafía
y se hacen los primeros intentos de televisión; se presentan los
Ballets
rusos
en París. Dos años antes, en 1907, se habían botado
dos grandes transatlánticos, el Lusitania y el Mauritania;
se
lanzan los primeros «superdreadnoughts»; el cinematógrafo
en mantillas quiere —aunque equivocando el camino— ser un nuevo arte. En
1913, Elster y Gertel crean la fotocélula, de la que se derivan
a la vez la televisión y el cine hablado. Aunque metida en una cuna
ambiental de rasgos muy opuestos —el «grutesco» del art
nouveau, la secessión vienesa y las casas de Gaudí—,
la arquitectura funcional, que ya desde 1900 con Lloyd, Wright, Tony, Garnier
y otros se había insinuado, da sus primeros brotes: en 1909 exactamente
se construye la primera ciudad jardín en Hellerau, Alemania. |