¡Ah, sonreíd, reidores!
¡Ah, engreíd, risueños que
reís con risotadas! ¡Qué hazmerreír ridículos!
¡Ah, reíd risiblemente!
¡Ah, sonrisueños rientes —- risoteos
de irrisorios risibles!
¡Ah, risibilidades, ridícula rísica
de irrisibles rientes!
Ristoleros, ristoleros,
risos irrisorios, risadas reidoras,
irrisorios, irrisorios.
¡Ah, sonreíd, risueños!
Conialeteando
Corrialeteando la aureografia
con sutiles vénulas,
el grillo, ahovilló en la danza de su panza
multitud de hierbas y juncos ribereños.
Pin-pin-pin, tronó el mensajero.
¡Oh cisnescencia!
¡Oh crepuscular temescanto!
Números
Os contemplo, ¡oh números!,
y me parecéis disfrazados de bestias con
vuestras pieles,
la zarpa apoyada sobre robles descuajados.
Regaláis: la unidad entre el serpentino
movimiento,
el espinazo del universo y la danza de la palanca.
Permitís comprender los signos como dientes
de una risa entrecortada.
Mis pupilas se han abierto en forma de objeto.
Saber, cuando su dividendo es la unidad, cuánto
será el yo.
Los piojos me rogaban
Los piojos me rogaban inútilmente
mientras trepaban cada mañana por mis vestidos,
y cada amanecer los ejecutaba
escuchando sus crujidos,
aunque siempre afluían de nuevo tranquilamente.
Rusia, yo te he donado
mi blanco cerebro divino:
soy yo, soy Jliébnikov.
Hundí las estacas, los ejes, en el alma
del pueblo,
y levanté sobre pilotes una casa,
«Nosotros los futurianos».
Hice todo ello como un miserable,
un ladrón, dondequiera maldito por las gentes.