Nada de caminos verdaderos
y una poesía escéptica de sí misma.
¿Entonces? Hay que buscar
siempre.
Mis nervios, dispersos en estremecimientos,
sin guitarra y sin inquietud, la cosa concebida así lejos del poema,
robar la nieve al polo y la pipa al marino.
Algunos días después
me di cuenta: el polo era una perla para mi corbata.
¿Y los Exploradores?
Se habían transformado
en poetas y cantaban de pie sobre las olas derramadas.
¿Y
los Poetas?
Se habían transformado
en exploradores y buscaban cristales en las gargantas de los ruiseñores.
He aquí por qué
Poeta equivale a Vagabundo sin oficio activo, y Vagabundo equivale a Poeta
sin oficio pasivo.
Sobre todo, es preciso cantar
o simplemente hablar sin equívoco obligatorio, sino con algunas
olas disciplinadas.
Ninguna elevación falsa:
sólo la verdad, que es orgánica. Dejemos el cielo a los astrónomos,
las células a los químicos. El poeta no es siempre un telescopio
que se puede cambiar en su contrario, y si la estrella se desliza hasta
el ojo por el interior del tubo, ello no se debe a un ascensor sino más
bien a una lente imaginativa.
Nada de máquinas ni
de moderno en sí. Nada de gulf-stream ni de cocktail,
pues
el gulf-stream y el cocktail ya son más máquinas
que una locomotora o una escafandra, y más modernos que Nueva York
y los catálogos.
Milán... Ciudad ingenua,
fatigada virgen de los Alpes, pero virgen no obstante.
Y El Gran Peligro Del Poema Es Lo
Poético
Yo os digo, entonces: busquemos
en otros sitios, lejos de la máquina y de la aurora, y tan lejos
de Nueva York como de Bizancio.
No agreguéis poesía
a lo que ya la tiene sin necesidad de vosotros. La miel sobre la miel da
asco.
Dejar secarse al sol el humo
de las fábricas y los pañuelos de los adioses.
Poned los zapatos al claro
de luna y después hablaremos de ello, y, sobre todo, no olvidéis
que el Vesubio, a pesar del futurismo, está lleno de Gounod.
¿Y el imprevisto?
Sin duda, podría ser
algo que se presentara con la imparcialidad de un gesto nacido al azar
y no deseado, pero está demasiado cerca del instinto y es, por tanto,
más animal que humano.
El azar conviene cuando los
dados dan cinco ases o al menos cuatro reinas, Pero salvo estos casos debemos
excluirlo.
Nada de poemas tirados a la
suerte; sobre la mesa del poeta no hay un tapete verde.
Y si el mejor poema puede hacerse
en la garganta, es porque la garganta es el justo medio entre el corazón
y el cerebro.
Haced poesía, pero no
alrededor de las cosas. Inventadla.
El poeta no debe ser más
instrumento de la naturaleza, sino que ha de hacer de la naturaleza su
instrumento. Es toda la diferencia que hay con las viejas escuelas.
Y he aquí, ahora, que
el poeta os aporta un hecho nuevo, muy simple en su esencia, independiente
de cualquier otro fenómeno externo, una creación humana,
muy pura y trabajada por el cerebro con paciencia de ostra.
¿Es un poema, o tal
vez otra cosa?
Poco
importa.
Poco importa que la criatura
sea niña o niño, abogado, ingeniero o biólogo, con
tal que sea.
Es algo que vive y perturba,
aunque en el fondo permanezca muy calmo.
Tal vez no es el poema habitual;
pero es, al menos.
Así, primer efecto del
poema, transfiguración de nuestro Cristo cotidiano, trastorno ingenuo,
los ojos se agrandan al borde de las palabras que se deslizan, el cerebro
desciende al pecho y el corazón sube a la cabeza, sin dejar de ser
corazón y cerebro con sus facultades esenciales; en fin: revolución
total. La tierra gira al revés, el sol sale por occidente.
¿Dónde
estáis?
¿Dónde
estoy?
Los puntos cardinales se han
perdido en el tumulto, como los cuatro ases de un naipe.
Luego amamos o repudiamos,
pero la ilusión ha tenido sillas cómodas, el hastío
ha encontrado un buen tren y el corazón ha vertido su frasco de
olores inconscientes.
(El amor y el repudio carecen
de importancia para el verdadero poeta, pues sabe que el mundo avanza de
derecha a izquierda y los hombres de izquierda a derecha. Es la ley del
equilibrio.)
Después, es mi mano
la que os ha guiado, la que os ha mostrado los paisajes queridos y hecho
nacer un arroyo de un almendro sin necesidad de darle un lanzazo en el
costado.
Y cuando los dromedarios de
vuestra imaginación quisieron dispersarse, yo los detuve en seco,
mejor que un ladrón en el desierto.
¡Nada de paseos indecisos!
La bolsa o la vida.
Esto es neto, claro. Nada de
interpretaciones personales.
La bolsa no quiere decir el
corazón, ni la vida los ojos.
La bolsa es la bolsa y la vida
es la vida.
Cada verso es el vértice
de un ángulo que se cierra, no la punta de un ángulo que
se abre a todos los vientos.
El poema, tal como aquí
se muestra, no es realista sino humano.
No es realista, pero se hace
realidad.
Realidad cósmica con
atmósfera propia y, seguramente, con tierra y agua, como agua y
tierra tienen todos los mundos que se respetan.
No hay que buscar en esos poemas
el recuerdo de cosas vistas, ni la posibilidad de ver otras parecidas.
Un poema es un poema, tal como
una naranja es una naranja y no una manzana.
En él no hallaréis
cosas que existen de antemano ni contacto directo con los objetos del mundo
externo.
El poeta no imitará
más a la naturaleza, pues no se da el derecho de plagiar a Dios.
Allí encontraréis
lo que nunca habéis visto en otra parte: el poema. Una creación
del hombre.
Y de todas las potencias humanas,
la que más nos interesa es la potencia creadora. |