El desarrollo científico del Renacimiento viene impulsado por el descubrimiento de la imprenta. Con respecto a las matemáticas el hecho más relevante es la publicación, a finales del siglo XV, de la obra Summa de Luca Pacioli, donde se resume toso el saber de su tiempo. A partir de entonces nace una nueva rama de la matemática: el álgebra o regla de la cosa.
Se puede considerar que la ciencia española en el Renacimiento era de calidad, en su conjunto, pero la matemática seguía sin rumbo. Pedemos destacar al aragonés Sánchez Ciruelo por su obra publicada en París con el nombre Magister Petrus Ciruelus darocensi (de Daroca, Zaragoza), que se puede considerar como el primer texto didáctico de autoría española; al andaluz Juan Pérez de Moya hay que reconocerle el esfuerzo que hizo por sacar a nuestro país de la incultura matemática. Su obra más importante fue Aritmética práctica y especulativa (1562) que alcanzó gran difusión en Europa a pesar de estar escrita en castellano.
Felipe II crea la Academia de Matemáticas de Madrid con objeto de intentar superar la decadencia en la que se encontraba esta ciencia.
Por último, podemos considerar a Juan de Ortega como el matemático español más distinguido del siglo XVI con su Tratado Subtilissimo de Aritmética y de Geometría, dedicado a las prácticas mercantiles y en el que también aparece un método original para la aproximación de raíces.