Introducción histórica
Los primeros en interesarse por la Meteorología
fueron los chinos, quienes por dedicarse fundamentalmente al cultivo de
arroz precisan de abundantes lluvias; así el filósofo Lao-tzu-
cita que si sopla un viento fuerte durante toda la mañana habrá
lluvia durante más de 24 horas.
La navegación a vela de los fenicios y griegos
por todo el Mediterráneo obligaba a fijarse en la frecuencia y velocidad
de los vientos. Un filósofo griego escribía que la lluvia
y la nieve eran originadas por los vientos del Sur. Sin embargo, en Grecia
se mezclaba la ciencia con la superstición hasta tal punto que el
escultor Andronicus Cyrrestes (200 años antes de Jesucristo) construyó
la "torre de los vientos", que aún se conserva. La torre tiene ocho
fachadas correspondientes a los ocho vientos entonces conocidos. En cada
una aparece la figura de una divinidad griega responsable del tiempo atmosférico
que origina.
Durante las conquistas de Alejandro Magno, los griegos
conocieron que los vientos que proceden del mar (monzón de verano)
traían lluvias copiosas en Arabia y costas del Golfo Pérsico,
mientras que los que llegaban de tierra eran fríos y secos (monzón
de invierno). Estas observaciones tenían gran importancia a la hora
de emprender nuevas conquistas. Ya en el año 400 a C. Aristóteles
escribió un tratado llamado Meteorológica , donde
abordaba el " estudio de las cosas que han sido elevadas"; un tercio del
tratado está dedicado a los fenómenos atmosféricos
y el término meteorología deriva de su título.
A lo largo de la historia, gran parte de los progresos
realizados en el descubrimiento de las leyes físicas y químicas
se vio estimulado por la curiosidad que despertaban los fenómenos
atmosféricos.
La predicción del tiempo ha desafiado al
hombre desde los tiempos más remotos, y buena parte de la sabiduría
acerca del mundo exhibida por los diferentes pueblos se ha identificado
con la previsión del tiempo y los almanaques climatológicos.
No obstante no se avanzó gran cosa en este campo hasta el siglo
XIX, cuando el desarrollo en los campos de la termodinámica y la
aerodinámica suministraron una base teórica a la meteorología.
Las mediciones exactas de las condiciones atmosféricas son también
de la mayor importancia en el terreno de la meteorología, y los
adelantos científicos se han visto potenciados por la invención
de instrumentos apropiados de observación y por la organización
de redes de observatorios meteorológicos para recoger datos.
Uno de los hitos más significativos en el
desarrollo de la ciencia moderna de la meteorología se produjo
en tiempos de la I Guerra Mundial, cuando un grupo de meteorólogos
noruegos encabezados por Vilhelm Bjerknes realizó estudios intensivos
sobre la naturaleza de los frentes y descubrió que la interacción
entre masas de aire genera los ciclones, tormentas típicas
del hemisferio norte. Los posteriores trabajos en el campo de la meteorología
se vieron auxiliados por la invención de aparatos como el radiosonda,
que hizo posible la investigación de las condiciones atmosféricas
a altitudes muy elevadas. Después de la I Guerra Mundial,
un
matemático
británico, Lewis Fry Richardson, realizó el primer intento
significativo de obtener soluciones numéricas a las ecuaciones matemáticas
para predecir elementos meteorológicos. Aunque sus intentos no tuvieron
éxito en su época, contribuyeron a un progreso explosivo
en la predicción meteorológica numérica de nuestros
días.
La mejora en las observaciones de los vientos a
gran altitud durante y después de la II Guerra Mundial suministró
la base para la elaboración de nuevas teorías sobre la predicción
del tiempo y reveló la necesidad de cambiar viejos conceptos generales
sobre la circulación atmosférica. Durante este período
las principales contribuciones a la ciencia meteorológica son del
sueco Carl- Gustav Rossby y sus colaboradores de Estados Unidos. Descubrieron
la llamada corriente en chorro, una corriente de aire de alta velocidad
que rodea al planeta a gran altitud. En 1950, gracias a las primeras computadoras,
fue posible aplicar las teorías fundamentales de la termodinámica
al problema de la predicción climatológica, y en nuestros
días las grandes computadoras sirven para generar previsiones en
beneficio de la agricultura, la industria y los ciudadanos en general.
Uno de los nuevos métodos de mayor éxito
para la observación general de la atmósfera ha sido el empleo
de satélites artificiales. Los satélites que fotografían
de forma automática la Tierra desde órbitas polares, suministran
las imágenes de los patrones nubosos y las tormentas, una vez al
día , a cualquier estación meteorológica equipada
para recibir sus transmisiones. Casi todos los servicios meteorológicos
importantes del mundo están equipados para recibir estas imágenes.
Los sensores de infrarrojos permiten determinar la temperatura de la parte
superior de las nubes, y de esta forma hacen posible estimar la altitud
aproximada de los sistemas nubosos de la atmósfera.
Hoy se fotografían de modo continuo los patrones
climáticos de más de la mitad de la Tierra desde satélites
situados en órbitas geoestacionarias sobre puntos predeterminados
del ecuador a un altitud de unos 35.400 kilómetros.