Los climas cálidos y sus paisajes
Los climas cálidos tienen unas temperaturas muy
elevadas, superiores a 22º de media anual. Sus paisajes son muy variados
y sus diferencias dependen de las lluvias.
Los climas cálidos se localizan a ambos lados
del ecuador. Desde el ecuador a los trópicos se suceden los tres
tipos principales de clima cálido:
En la zona ecuatorial las lluvias se suceden sin interrupción
durante todo el año. El total de precipitaciones es muy elevado
-por encima de los 1.500-2.000mm-
con
pequeños máximos en primavera y otoño.
Las lluvias se producen, generalmente, por ascendencia
dinámica al converger los vientos alisios de ambos hemisferios y,
en menos ocasiones, por ascendencia térmica debido al recalentamiento
del suelo. Ello hace que los ríos de la zona ecuatorial sean los
de caudal más abundante y regular de la Tierra.
Las temperaturas son prácticamente uniformes
a lo largo del año, como consecuencia de la perpendicularidad con
que inciden los rayos solares.
Al no existir apenas oscilación a lo largo
del año ni en las temperaturas, ni en las precipitaciones, sólo
existe una estación, que es cálida y húmeda.
El ambiente, muy "pesado" por el calor y la
humedad (casi de sauna), es propicio al desarrollo de una vegetación
exuberante, siendo la selva la formación vegetal típica.
En ella existen gran variedad de especies vegetales, desde árboles
de gran tamaño (40-50 m) hasta plantas casi microscópicas,
pasando por árboles y arbustos de tamaño medio (10-20 m.);
y todo ello complicado por una maraña de lianas que trepan por los
árboles a la busca de luz.
Tal variedad de especies hace difícil y poco
rentable la explotación forestal, ya que los árboles de una
especie explotable se hallan dispersos entre muchos otros actualmente sin
valor económico.
Como consecuencia de la tupida vegetación,
los animales que pueblan la selva son de reducido tamaño para poder
moverse con facilidad entre la maraña de troncos, arbustos y
lianas.
Es igualmente caluroso durante todo el año, aunque
con una amplitud térmica algo mayor, que aumenta conforme nos alejamos
del ecuador. La selva se clarifica y deja paso paulatinamente a la sabana
a medida que avanzamos en latitud. Aquí ya aparece una estación
seca, el invierno. Durante esta estación, la zona entre 5º
y 25º de latitud N y S queda bajo el dominio del alisio seco
que sopla desde el continente, mientras que en el verano está bajo
el dominio de la zona de convergencia intertropical, produciéndose
lluvias cuantiosas.
Se pasa así , progresivamente del clima ecuatorial
al clima tropical con alternancias de dos estaciones bien definidas, una
húmeda y otra seca. La existencia de una estación seca más
o menos larga según las zonas, requiere que las plantas se adapten
evolutivamente a la sequía endureciendo sus tallos y hojas y reduciendo
su tamaño. Se da así una formación vegetal, la sabana,
caracterizada por la abundancia de hierbas altas y arbustos de pequeño
tamaño con algunos árboles dispersos, que resulta excelente
hábitat para los grandes depredadores y herbívoros, y que,
a menudo, el hombre dedica a la explotación ganadera.
En el sur de Asia, debido a la inmensidad del continente,
el clima tropical con estación húmeda adquiere características
propias, extendiéndose hasta zonas que por latitud deberían
ser desérticas. Ello se debe a la presencia de los monzones. En
invierno, sobre la zona, sopla el alisio del continente -monzón
de invierno- que al ser frío y seco determina una estación
sin lluvias. En verano, el alisio del hemisferio sur cruza el Ecuador y
se desvía convirtiéndose por la fuerza de Coriolis, en viento
del Suroeste -monzón de verano-. Se trata de aire tropical marino,
cálido y húmedo, que al llegar al continente choca contra
el aire continental seco, elevándose por encima de éste,
lo que da lugar a abundantes lluvias. Este mecanismo se acentúa
cuando hay montañas.
Algunos años las lluvias son tan copiosas
que causan inundaciones catastróficas que destruyen las cosechas
e, incluso, producen numerosas víctimas. La superpoblación
del área monzónica hace que la vegetación natural,
el bosque monzónico, haya desaparecido en grandes extensiones para
dar paso al cultivo del arroz.
Estepas y desiertos
A la altura de los trópicos aparecen unos
climas cuyo rasgo definitorio es la aridez, que determina enormes extensiones
de suelo sin vegetación alguna, desorganización o ausencia
total de redes fluviales, así como una bajísima densidad
de población animal y humana.
En los desiertos tropicales las precipitaciones
anuales son inferiores a 100 mm. anuales. La causa principal de esta falta
de lluvias radica en las altas presiones subtropicales, a lo que se suman
la continentalidad, las grandes barreras montañosas y las corrientes
marinas frías.
Se distinguen dos tipos de desierto tropical: continental
y costero.
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En los desiertos continentales el elemento condicionante del régimen
termopluviométrico, además de las altas presiones, es la
continentalidad que acentúa la sequía y la oscilación
térmica diaria. En una atmósfera con muy escasa cantidad
de vapor de agua (humedad relativa 25% a 30%) el calentamiento del suelo
durante el día es muy intenso alcanzándose temperaturas de
hasta 50º C. Durante la noche la irradiación de calor es también
muy fuerte, pudiendo descender la temperatura hasta los 0º C. e incluso
menos. Las escasas precipitaciones que se registran son debidas a la penetración
esporádica de aire marítimo ecuatorial o tropical en las
márgenes del desierto, que ocasiona lluvias de tipo torrencial.
Es normal que de muy tarde en tarde caiga en pocas horas una cantidad mayor
de lluvia que el total de uno o varios años.
El
caso más extremado y característico de este tipo de desierto
es el Sahara, cuyo margen meridional registra precipitaciones ligeras originadas
por la zona de convergencia intertropical en su desplazamiento estival
hacia el Norte, mientras que la margen septentrional las recibe del frente
polar, que muy ocasionalmente alcanza estas regiones en su avance invernal
hacia el sur. Así, en los bordes del desierto aparecen estrechas
franjas esteparias que flanquean no sólo éste sino todos
los desiertos y constituyen zonas de transición hacia climas menos
secos. Tan escasa cantidad de lluvias permite sin embargo la existencia
de vegetación discontinua en el espacio, raquítica y pobre,
compuesta por plantas xerófilas, adaptadas a la escasez de agua.
Estas plantas, vestigios residuales de las que en épocas anteriores
-más húmedas- poblaron las zonas que hoy son estepas y desiertos,
subsisten gracias a haberse adaptado a un medio cada vez más hostil,
reduciendo su ciclo vegetativo, endureciendo sus tallos y hojas, desarrollando
su capacidad para almacenar agua en hojas carnosas, etc.
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Los desiertos continentales tropicales se prolongan hacia el Oeste en los
desiertos
costeros. Estas franjas costeras reciben la influencia de los anticiclones
marítimos subtropicales que emiten vientos subsidentes muy estables
y secos. Al descender sobre las aguas del océano recorridas por
las corrientes frías -la de Humboldt en Chile, la de Benguela en
Namibia, la de Canarias en la costa Oeste africana-, estos vientos se enfrían,
pero su bajo contenido en vapor de agua únicamente permite que,
al abordar el continente, produzcan nieblas y rarísima vez
lluvias. Gracias a estas nieblas pueden subsistir algunas plantas que como
la Tillandsia, han sido capaces de adaptarse para obtener directamente
del aire la humedad necesaria para su desarrollo. El efecto más
importante de las corrientes marinas es que moderan las temperaturas, de
forma que la variación entre la temperatura media del mes más
cálido y la del mes más frío no suele ser superior
a 6º C, y las amplitudes térmicas diarias son muy bajas. Este
es el rasgo más importante que caracteriza el régimen térmico
de los desiertos costeros tropicales frente al de los desiertos continentales.