El cambio climático y el efecto invernadero



    El efecto invernadero es un fenómeno natural, convertido por el hombre en una amenaza a su propia seguridad. Los principales gases producto de la actividad humana que contribuyen al efecto invernadero son: el bióxido de carbono o gas carbónico (
CO2), el metano (CH4), los óxidos nitrosos (N20), los clorofluoro-carbonos (CFCs) y el ozono troposférico (O3). Se derivan principalmente del consumo de energía, de la actividad industrial y de la expansión de la agricultura.
    Según la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) desde el comienzo de la revolución industrial la concentración de CO2 en la atmósfera ha aumentado en un 30%, la de metano se ha duplicado y la de óxidos nitrosos ha aumentado en un 15%.
    Las emisiones de gas carbónico representan el 50% del efecto invernadero derivado de la actividad humana. El gas carbónico (CO2) proviene principalmente del consumo de energía fósil: petróleo, gas natural y carbón mineral, y de la destrucción de los bosques, particularmente en el trópico. La inyección de CO2 a la atmósfera en 1.990 se estima en 30.000 millones de toneladas métricas anuales, de las que tres cuartas partes se debían al consumo de energía fósil. Esto representa un aporte de más de 8.000 millones de toneladas de carbono a la atmósfera anualmente.Destrucción de la selva amazónica.
        Según el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambios Climáticos, estabilizar la concentración de CO2 a los niveles de 1.990 requeriría que su producción se reduzca en un 60% a muy corto plazo. Reducciones similares se requieren en las emisiones de óxidos nitrosos y de CFCs, y de un 20% en las emisiones de metano.
    La comunidad internacional no parece estar capacitada para ajustarse a propuestas de tal naturaleza, debido principalmente a la profunda dependencia de la economía mundial del consumo de combustibles fósiles y al impacto que se registraría sobre la actividad industrial.
    Dos tercios del impacto acumulado hasta la fecha se ha originado en países industrializados. Mientras que los países en desarrollo, incluyendo a China, con cerca del 80% de la población mundial, habían contribuido con un tercio del efecto invernadero acumulado hasta 1.990, incluyendo la deforestación registrada en el trópico.
    La contribución relativa de los países en desarrollo se encuentra en ascenso. El progreso social y económico de los países en desarrollo depende en la actualidad de un mayor consumo de energía y de aumentos significativos en la actividad industrial, aparte de modificaciones en sus estructuras políticas. En 1.990, el consumo de energía primaria de los países en desarrollo representaba una cuarta parte del consumo global. Para el año 2.005-2.007 se espera que dupliquen su consumo de energía con respecto al 1.990, con un incremento de 80% sólo en sus emisiones de CO2 a la atmósfera.
    Para entonces , el consumo global de energía primaria probablemente supere los 12.500 millones de toneladas equivalentes de petróleo al año. Los países en desarrollo representarán aproximadamente un tercio del consumo total, mientras que el resto de la población mundial (13%), localizada en los países más ricos, continuará consumiendo el 65% del consumo global.
    Los cambios climáticos que se derivan del acentuamiento del efecto invernadero se encuentran relacionados con:     Es en el enfrentamiento colectivo de estos problemas donde podremos identificar soluciones efectivas al dilema del efecto invernadero. Las posibilidades de alcanzar metas que permitan minimizar los efectos del cambio climático implícito en el proceso actual de desarrollo, depende de un esfuerzo concertado entre todos los países de la Tierra. La distribución de las cargas deberá basarse en principios de justicia y equidad, tomando en consideración la responsabilidad acumulada hasta la fecha, la capacidad de cada país a contribuir al alcance de las metas que se tracen, y el derecho de todos los pueblos del mundo al disfrute de una vida digna.
    Los cambios climáticos que se han venido registrando en la atmósfera están relacionados con la creciente concentración de algunos gases derivados de la actividad humana. Aunque existen imprecisiones sobre su magnitud e impacto, se ha generado un consenso internacional sobre su tendencia a desestabilizar el equilibrio ecológico del planeta y a afectar el desarrollo económico y social de todos los países del mundo.
    El efecto invernadero es, en realidad, un fenómeno natural, causado por la presencia de gases en la atmósfera, principalmente vapor de agua y gas carbónico. Estos gases retienen parte de la energía calórica que se recibe del sol, manteniendo la temperatura dentro de límites que han permitido el desarrollo de la vida como la conocemos. Sin la concentración natural de estos gases en la atmósfera, la temperatura promedio en la superficie de la Tierra sería similar a la de la Luna, unos 18º C. bajo cero.
    Los gases del efecto invernadero permiten el paso de las radiaciones solares de onda corta, calentando la superficie de la Tierra. A la vez absorben parte del calor que emana de la superficie en forma de radiaciones infrarrojas, de mayor longitud de onda que la luz solar, manteniéndose así una temperatura promedio en la superficie del planeta de unos 15º C.
    El efecto invernadero no es, por sí mismo, una amenaza para la vida en la Tierra. Pero la actividad humana tiende a aumentar la concentración de CO2 y otros gases en la atmósfera. Como consecuencia, una mayor cantidad de energía calórica solar es atrapada en la atmósfera, elevando la temperatura promedio del planeta.
    De continuar con las tendencias actuales, la temperatura promedio podría aumentar entre 1 y 2,5º C. en los próximos cincuenta años, y de 1 a 3,5º C. para finales del próximo siglo. Una temperatura de 3º C. superior al promedio actual no se ha registrado en la Tierra en los últimos 10.000 años. Entre 1.980 y 1.995 se registraron los nueve años de mayor temperatura promedio del planeta en los últimos cien años. En 1.995 se presentó la mayor temperatura promedio en la superficie de la Tierra desde que se mantienen registros sobre la materia. Relaciones entre las tendencias a largo plazo y eventos periódicos, como El Niño, empiezan a establecerse, acentuando la necesidad de entender mejor los procesos climáticos.
    Información geológica indica que en la Tierra se han registrado cambios significativos en el clima, tanto a través de milenios, como en períodos relativamente cortos de tiempo. En consecuencia, cambios puntuales relativos en la temperatura promedio del planeta, o en la intensidad de las lluvias, no necesariamente implican tendencia definidas de cambio climático. Sin embargo, se ha generado un consenso internacional entre la mayoría de los científicos del mundo sobre la existencia del efecto invernadero y sobre los procesos que lo rigen.
    Las evidencias disponibles indican que existe suficiente justificación para tomar medidas preventivas inmediatas. En diciembre de 1.997 se realizó en Kyoto (Japón) una reunión de representantes oficiales de alto rango de 170 países, con el fin de concertar las acciones necesarias para evitar un acentuamiento mayor del efecto invernadero, principalmente a través del establecimiento de limitaciones a las emisiones de los principales gases que lo generan.
    La reunión de Kyoto se realizó dentro del contexto político ofrecido por la Convención Internacional Sobre Cambios Climáticos, firmada en Río de Janeiro en 1.992. Este acuerdo internacional, auspiciado por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, tiene por objeto estabilizar la concentración en la atmósfera de los principales gases que intensifican el efecto invernadero. Las partes contratantes asumieron la responsabilidad colectiva de impulsar acciones que permitieran estabilizar las emisiones globales de los gases del efecto invernadero  a los niveles de 1.990 para el año 2.000.
    Entre los efectos previsibles de las tendencias actuales se encuentran:     El efecto invernadero ha sido así transformado por el hombre en una amenaza a su propia seguridad. Los más afectados serán los más pobres, los que son víctimas de la injusticia social, los marginados económicos, los que soportan más directamente el impacto de la degradación ambiental. Esto es, la mayor parte de la humanidad.
 
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