Es un instrumento que procede del antiguo Egipto, el arghul, si bien tal como se conoce hoy, existe desde 1.690 - 1.707 y deriva de otro más antiguo llamado chalumeau. Se utilizaba en las orquestas militares antes de pasar a formar parte de las orquestas (Vivaldi es el primero que lo introduce), siendo también muy usado en el jazz (recordemos a Benny Goodman o incluso a Woody Allen) y la música folklórica (por ejemplo, en el kletzmer judio).
Es un tubo cilíndrico, con 24 agujeros, que se ensancha al final, de unos 67 cm. de longitud, hecho en tres piezas de ébano africano o de boj (aunque también puede ser de resina plástica o ebonita) más la boquilla, y su nombre parece estar relacionado con las agudas notas que puede dar, que recuerdan el sonido de una trompeta o clarino, en italiano.
De todos los instrumentos de viento madera, el clarinete tiene la extensión más amplia. Las notas más graves del clarinete lo sitúan por debajo de la flauta y el oboe, en la gama media del quinteto, donde su tono cálido y aterciopelado puede servir para llenar la música. Cuando suena en el registro alto, el clarinete es el instrumento más potente y en ocasiones descuella sobre los otros vientos de madera. Siendo parecido al oboe, su sonido es muy diferente por la forma y sobre todo porque tiene una lengüeta simple, un trozo de caña plano, limado muy fino en un extremo, que se sujeta hacia abajo en la boquilla por medio de una abrazadera de metal.
Al igual que ocurre con la trompa, el clarinete emite un sonido algo más grave de lo que se toca en realidad. Así que los compositores deben escribir las notas algo más agudas de lo que las quieren para que luego se escuche realmente lo que desean. Es un instrumento de gran agilidad y gracia, con un sonido líquido, suave y muy expresivo que se lleva estupendamente con los demás instrumentos de la orquesta.