FLAUTA


El instrumento más agudo de un quinteto es la flauta, que puede dirigir la música y sonar con claridad por encima de los demás vientos agudos. También es el instrumento más ágil de los cinco y resulta ideal para hacer efectos decorativos, como fraseos rápidos y trinos.

Es un instrumento ya en la prehistoria, encontrándose flautas de hace 25.000 años. En Grecia usaban sólo la flauta recta, y el más antiguo flautista fue Sacadas, quien vencía en todos los concursos, y acompañaba sus sonidos con la danza. Los romanos conocieron también la travesera. En la Edad Media, la flauta de pico fue la preferida de los músicos cultos, y la travesera se convirtió en instrumento de los soldados. Su sonido hermoso, delicado y suave tiene un encanto muy especial. Quizás es esta la razón por la que se asocia desde antiguo con la magia, como en La Flauta Mágica de Mozart ( que decía que sólo había una cosa peor que una flauta, y eran dos flautas) o en la leyenda del Flautista de Hamelín, cuya música hizo que los niños le siguieran hasta fuera de la ciudad. En el siglo XVIII la usaban en sus obras compositores como Händel o Vivaldi, incluso para reproducir y recrear sonidos y ambientes de la naturaleza.

Hechas con maderas muy escogidas (ébano, jacarandá, palisandro, morera,…) en la actualidad son de metal, a menudo de plata y a veces incluso de oro. Aunque hay flautas que se tocan soplando por un extremo, las llamadas dulces o de pico, e incluso ¡por la nariz! como en algunas zonas del Pacífico, la flauta de concierto se toca soplando por la embocadura que hay en el costado, cerca del extremo superior del tubo que está cerrado, mientras se sostiene "de través", por eso se llama travesera. Está fabricada en tres secciones o anillos formando un tubo de unos 68 cm. de longitud, que se pueden desplazar hacia dentro o hacia fuera para ajustar la afinación.

Con el fin de producir un buen sonido los agujeros (en una flauta hay 15) son más anchos que los dedos, de modo que para cerrarlos, se utilizan un mecanismo de válvulas que se maneja con los dedos o con llaves. Al soplar, colocando la embocadura justo debajo del labio inferior, el borde o bisel divide el flujo de aire (como en una botella de refresco o en el capuchón de un bolígrafo, aunque suena mejor en la flauta, por supuesto), produciendo un sonido claro, luminoso y penetrante en los agudos, mientras que en los graves es algo mate, cálido y dulce; si se sopla más fuerte, se consiguen notas más agudas. El aire que se escapa alrededor de la embocadura añade un suave silbido: la tradición oriental dice que la flauta travesera es el único instrumento cuya música oyen vivos y muertos, los vivos el aire que resuena en el tubo y los muertos el que choca contra el bisel y es mandado hacia el exterior, quizá hacia el infinito.