OBOE


También estos instrumentos tienen un origen primitivo: los antiguos pastores perfeccionaron sus instrumentos de viento, insertando en un tallo de trigo un hilo del mismo material, que vibraba cuando se soplaba. Más de 2.000 años antes de Cristo ya existían en Egipto instrumentos parecidos al oboe. Como ocurrió con la mayoría de los instrumentos egipcios, también estos pasaron a Grecia y después a Roma, dando origen al aulos griego de lengüeta doble (cuya invención se atribuía a un rey de Libia, a Palas Atenea o al dios Apolo) y a la tibia romana, los más probables antepasados del oboe europeo. Alrededor de 1.660 aparece en la Francia de Luis XIV el primer oboe, introducido en la orquesta por Lully: su nombre deriva de un instrumento francés, el "hautbois", construido de madera, porque "bois" significa precisamente madera.

Como pertenece a la gama de los agudos, al igual que el clarinete y la flauta, el oboe puede tocar con estos la melodía principal. Su sonido quejumbroso permite que el oboe se abra paso y se escuche entre los demás sonidos del quinteto. Su cuerpo es un tubo algo cónico ( unos 65 cm. de largo) hecho de tres pieza, que se ensancha en el extremo, fabricado de madera de ébano o acacia africana. Por su voz tan penetrante, es el oboe quien antes de un concierto da un LA con el que todos los demás instrumentos afinan, siendo uno de los instrumentos más difíciles de tocar: al escucharlo puede parecer melancólico si es una melodía lenta, pero también puede tocar canciones alegres y dicharacheras. Sus agujeros se cierran directamente con los dedos o con válvulas y llaves que se mueven con los dedos.

Para soplar hay que apretar los labios y volverlos hacia el interior de la boca cubriendo los dientes. Su lengüeta doble, formada por dos laminillas de caña, le proporciona un sonido agudo y algo nasal, aunque puede ser ronco en los tonos graves. La lengüeta, que se cambia con frecuencia, tiene que estar siempre húmeda: por eso antes de tocar el músico humedece las cañas. Después, como la abertura entre las dos cañas de la lengüeta es muy pequeña, hay que soplar con fuerza para que vibren una contra otra, de forma similar a como vibrarían los bordes de una hoja doblada, sujetada entre los pulgares; además, no es posible expulsar todo el aire de los pulmones, por lo que hay que vaciarlos con habilidad antes de volver a tomar aire para continuar. Algunos oboístas fabrican sus propias lengüetas, ya que la selección de la misma determina la clase de sonido que producirá el instrumento: suelen tener varias cañas disponibles.