Holbach, Paul-Henri Dietrich (Thiry), barón de (1723-89)

Filósofo ilustrado francés, de origen alemán, nacido en Heidesheim, en el Palatinado. De familia muy rica, se educó en Leiden y vivió sobre todo en París. Entusiasta de la Ilustración y amigo de los philosophes (Condillac, Rousseau, Buffon, Galiani, Beccaria, Marmontel, Helvétius, Garrick, Franklin, Pristley, Hume, etc., ), los reunía dos veces por semana a comer en su casa, bajo la presidencia de Diderot, y en ella acogía también a todo extranjero célebre que pasara por París. Contribuyó a la redacción de la Enciclopedia francesa, en conceptos de química, metalurgia y geología, y se mostró siempre como un activista de las ideas ilustradas. Muchos de sus escritos filosóficos se publicaron anónimamente o fuera de Francia. Su obra fundamental es  Sobre la naturaleza  sobre las leyes del mundo físico y del mundo moral (1770), obra publicada con el nombre de Jean-Baptiste de Mirabaud y puesta en el Índice de libros prohibidos. En ella se manifiesta materialista radical, sensista y ateo decidido, poco original, no obstante, y muy influido por Hobbes, Locke, Condillac y La Mettrie. Atribuye a la materia movimiento desde siempre y hasta capacidad de pensamiento, pero su mecanicismo aparece algo mitigado respecto del de La Mettrie (admite las «antipatías» y «simpatías» de Stahl), más cartesiano. El hombre -y también el mismo orden moral- no es sino un ser natural, físico por tanto, sometido a las mismas leyes materiales de todo el universo; llamamos «moral» a la perspectiva con que tratamos lo que en realidad es físico (noción de origen spinozista). El concepto de una voluntad libre resulta inadmisible dentro de este universo regido por la necesidad; la sensibilidad es característica de determinada materia (la animal) y no existe el alma como principio vital inmaterial. Todo está sometido a la ley suprema de la propia conservación (de nuevo Spinoza) y, en el orden moral, no hay otra ley que la del amor a sí mismo, el egoísmo, que la física denomina, desde otra perspectiva, fuerza de gravitación o de inercia. Toda religión es, por lo demás, corruptora e inútil, y, nacida del temor y de la ignorancia, queda suprimida por la reforma de las costumbres que supone la difusión de las ideas ilustradas. Ni el ateísmo ni la filosofía están, sin embargo, al alcance de la masa.

El libro tuvo éxito, pero fue muy criticado: no gustó al deísta Voltaire, quien lo criticó en su artículo «Dios»» de la Enciclopedia, mientras que Goethe lo tachó de obra «tenebrosa y cadavérica»; de entre los ilustrados, sólo Diderot, posible coautor según algunos, defendió sus puntos de vista.




Discurso preliminar

(...) el grito de la naturaleza está silenciado (...) la verdad no puede mostrarse sin peligro (...) la virtud sin apoyo, la sabiduría despreciada, la verdadera moral (...) expulsadas de esta tierra. (...) Calumnias, cadenas y hogueras (...) La superstición y la tiranía han invadido el mundo; (...) la superstición enciende y justifica las pasiones ciegas de los hijos de la tierra. No obstante, la Naturaleza los había destinado a amarse, a vivir en paz en este mundo, a pensar de diversas maneras. Pero la Naturaleza es desconocida por la religión, monstruo alumbrado por la melancolía o la imaginación en desorden que se complace en combatir la Naturaleza. Quiere destruir su imperio (...) un Dios salvaje, (...) tirano del género humano (...) árbitro de su destino. (...) la política cree necesaria la religión para el gobierno de los pueblos y para su propio sostén. (...) hace causa común con ella (...) se unen para agobiar a la razón, la verdad y la naturaleza (...)

(...) !Aparta (...) la venda (...) Abre los ojos a la luz y utiliza la antorcha que la naturaleza te presenta para contemplarla (...) Pide ayuda a la experiencia, consulta con tu razón, despierta de los extravíos de tu imaginación (...) y (...) verás que sólo el delirio ha creado los fantasmas que te inquietan. (...) La razón, ese guía seguro del ser inteligente, recobrará sus derechos sobre tu espíritu, te hablará claramente, te consolará de los males vinculados a tu especie, te enseñará la manera de usar con prudencia los bienes que deseas y te señalará las vías que pueden llevarte a los bienes que te está permitido gozar. (...) Esclarécete acerca de las vías de la naturaleza y podrás usarlas para alejar el dolor y conseguir el bienestar. (...)

Es en tu educación irrazonable, en tus prejuicios sagrados, en tus locas opiniones, en tus costumbres estrafalarias y en tus leyes tan frecuentemente contrarias a tu naturaleza, donde encontrarás la fuente de tus extravíos. He aquí la Serpiente del Paraíso, cuya seducción ha desterrado la felicidad de este mundo; he aquí la caja de Pandora de donde han salido los males para inundar la tierra. De este modo ha llegado el hombre a ser el artesano de su desgracia.

De ninguna manera hagas proceder de un Dios (...) las reglas de tus deberes (...) y que con evidencia te son enseñadas por la naturaleza. (...) Extrae, pues, tu moral de tu propio corazón (...) la humanidad compone una gran familia con todos los hijos de la Naturaleza, (...) el hombre es deudor del hombre (...) es el ser más necesario para la felicidad de su semejante (...) el hombre también se debe a sí mismo (...) Se razonable: he aquí tu religión. Se virtuoso: he aquí el sendero de tu felicidad. (...)

(...) La sociedad en la que vives será feliz y te hará feliz cuando sus leyes extraídas de la Naturaleza, dictadas por la razón, guiadas por el interés general, conformes a la equidad, garanticen a todos las ventajas de las que pueden gozar en común y permitan a cada cual disfrutar de los frutos de su trabajo, su oficio y sus talentos propios. Las naciones tendrán sólidas fortunas cuando aquellos que las gobiernan, obligados ellos también a ser justos, cesen de distinguir entre sus intereses y los de la patria y funden su felicidad en la de sus súbditos. Los gobiernos serán también buenos cuando los amos del mundo den a los pueblos el ejemplo de la virtudes reales, que son el apoyo mutuo entre los pueblos y sus jefes. (...) Que la educación y la opinión pública inspiren estima por las virtudes reales, desprecio por la inutilidad, horror al mal. Que la legislación apoye estas lecciones saludables y no las contradiga en absoluto. (...)

Que la religión orgullosa no interfiera más en la marcha de una política esclarecida por la sabiduría y guiada por la moral. Que su antorcha lúgubre -que no ha servido desde hace tantos siglos más que para extraviar a las naciones y encender sus furores- se apague al menos para los que gobiernen. (...) Corresponde a la experiencia, a la razón y a la verdad esclarecer y guiar a los que regulan la suerte de los imperios.
(...) Desengáñate (...) del ridículo prejuicio de que la política y la moral no pueden prescindir de la ayuda de la religión. ¿Acaso no ves que esta religión (...) no es más que un freno demasiado débil e ideal para contener las fogosas pasiones de los soberanos y de los súbditos? (...) ¿Esta religión no corrompe (...) a los reyes?, ¿no los convierte en tiranos que corrompen a sus esclavos? (...) dioses despóticos y crueles envilecen a todos (...) La política esclarecida y la sana moral (...) no necesitan (...) de dioses. (...)
(...) Exige al hombre (...) que sea justo, bondadoso, pacífico y sincero; pero no le exijas (...) que (...) piense, medite y razone como tu. (...) Tolera, pues, los extravíos de los demás. (...) Cualquiera que sea tu modo de pensar, acuérdate que éste no puede autorizarte a ser injusto o cruel. (...) no odies, ni destruyas a tu hermano (...) por causa de opiniones (...)

(...) En todas tus investigaciones, no tomes por guía más que a la experiencia; (...) Ármate (...) de una justa desconfianza contra aquellos que se oponen a los progresos de la razón (...) Remóntate con ayuda de la experiencia, hasta las fuentes puras de la verdad. Ven a extraerla de la Naturaleza; es ahí donde encontrarás una moral sana, eterna, inmutable, perdurable (...).

(...) estos dioses que te han hecho temblar con tanta frecuencia no son nada (...) sus revelaciones, sus dogmas y sus cultos son ajenos o contrarios a tu naturaleza (...) es al hombre a quien ofendes cuando te entregas al crimen; es la tierra y no el cielo la que padece por tus abusos (...) la religión es tu enemiga (...) observa el estado horrible en que la superstición ha sumergido a todos los pueblos (...) este Dios (...) es él mismo un tirano cuyos horribles ministros han convertido los Estados en un valle de lágrimas. (...) la historia de los dioses está, en todas partes, escrita con caracteres de sangre, que es la historia del crimen, de las locuras y crueldades del género humano. (...) pretexto para guerras, revueltas, regicidios, persecuciones y para los más oscuros atentados. (...) el Altísimo es fuente de frenesí, de pena y de desolación, (...) la religión, lejos de consolar a los mortales, no ha sido imaginada más que para multiplicar sus miserias. (...) todo te convencerá de que es prestar un servicio al género humano el sacudir o destruir sus ídolos, cuyos altares han sido siempre regados con sangre y lágrimas. (...)

(...) Que las lecciones de la Naturaleza aflojen y rompan para ti, de una vez por todas, esas cadenas deshonrosas (...) Bendice la feliz audacia de los apóstoles de la razón, (...) El filósofo sinceramente apasionado por la verdad, profundamente impregnado de amor por sus congéneres, no intenta deslumbrarlos ni sorprenderlos (ni) imponerles sus propias opiniones; no toma el tono imperioso de la teología arrogante (...)

(...) !Oh hombre!, regresa entonces a la Naturaleza que has desconocido durante tanto tiempo para unirte a los fantasmas; recupera por fin el coraje; cesa de temer a la verdad; no dejes que se continúe calumniando a tu razón, que es la única que puede enseñarte a distinguir lo verdadero de lo falso, lo útil de lo nocivo, la ilusión de la libertad. Convencido por sus lecciones, desterrados los terrores poco fundados sobre el porvenir, piensa en tu felicidad presente; sométete dócilmente a los decretos del destino; disfruta con moderación de los más legítimos placeres; trabaja para tu felicidad trabando para la de tus asociados. Goza: he aquí lo que la Naturaleza te ordena. Consiente en que los demás gocen, he aquí lo que prescribe la equidad. Acércalos al goce, he aquí el consejo que te da la sagrada humanidad que, mucho mejor que todas las religiones de la tierra, te hará vivir en paz y morir sin angustia.
“Sistema de la naturaleza”. Discurso preliminar.
 
 

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