Nicolás Copérnico (1473-1543)

Astrónomo polaco -nacido en Torún-, creador de la teoría heliocéntrica  Estudia en la universidad de Cracovia y viaja a Italia, donde estudia en las universidades de  Bolonia, Padua y Ferrara; de vuelta a su patria pasa a ser secretario y médico personal de su tío . Las líneas fundamentales de su teoría heliocéntrica y  el resumen o esbozo lo expresa en su libro Breve comentario de Nicolás Copérnico sobre sus propias hipótesis acerca de los movimientos celestes que no contiene ninguna clase de demostración matemática.

Entre 1512 y 1528 lleva a cabo algunas observaciones astronómicas y madura definitivamente el sistema heliocéntrico esbozado en el Commentariolus; redacción de sus ideas definitivas sobre el sistema del mundo y de no demasiadas observaciones astronómicas. Pese a su excesiva prudencia, sus ideas eran de alguna manera conocidas.

En 1539, un matemático luterano, Georg Joachim von Lauchen, llega a Frauenburg, deseoso de conocer las ideas de Copérnico; la estancia, que debía ser de unas semanas, se prolonga por espacio de dos años: primero estudia el sistema copernicano y luego, con la ayuda de un antiguo amigo de Copérnico, Tiedemann Giese, logra convencer a Copérnico de la conveniencia de publicar un resumen del manuscrito que guardaba celosamente. Copérnico accede a las peticiones de Rheticus y Giese y acepta publicar el manuscrito, que llevará por nombre Sobre los giros de los orbes celestes. Andreas Osiander escribe el prefacio anónimo al libro De revolutionibus, en el que declara que el libro trata sólo de puras hipótesis matemáticas, cuya finalidad no es otra que el cálculo.

Es propio del astrónomo calcular la historia de los movimientos celestes con una labor diligente y diestra. Y además concebir y configurar las causas de estos movimientos, o sus hipótesis, cuando por medio de ningún proceso racional puede averiguar las verdaderas causas de ellos. Y con tales supuestos pueden calcularse correctamente dichos movimientos a partir de los principios de la geometría, tanto mirando hacia el futuro como hacia el pasado. Ambas cosas ha establecido el autor de modo muy notable. Y no es necesario que estas hipótesis sean verdaderas, ni siquiera que sean verosímiles, sino que basta con que muestren un cálculo coincidente con las observaciones, [...] Y no espere nadie, en lo que respecta a las hipótesis, algo cierto de la astronomía, pues no puede proporcionarlo; para que no salga de esta disciplina más estúpido de lo que entró, si toma como verdad lo imaginado para otro uso. Andreas Osiander. Al lector sobre las hipótesis de esta obra, en N. Copérnico, Sobre las revoluciones, Tecnos, Madrid 1987, p.4.

El De revolutionibus orbium coelestium lo publica en Nuremberg el famoso librero Petreius, coincidiendo con la fecha de la muerte de Copérnico.

La obra es la descripción del denominado sistema copernicano, o teoría heliocéntrica del universo, que da comienzo a lo que se llamará posteriormente revolución copernicana, con las demostraciones matemáticas necesarias para su justificación. El cambio astronómico radical que propone la teoría heliocéntrica de Copérnico consiste en situar el Sol en el centro del universo, en el lugar que ocupaba antes la Tierra, y situar ésta en el lugar que antes ocupaba aquél, y hacer girar en torno al Sol todos los planetas, incluida la Tierra, considerada ahora como un planeta más -el tercero en la distancia desde el Sol- y ya no como el centro inmóvil del universo, tal como toda la cosmología aristotélica y ptolemaica, a excepción de Aristarco de Samos, había supuesto.

La Tierra se movía; y, según Copérnico, con pluralidad de movimientos:

según el movimiento anual, hacia el oeste, girando alrededor del Sol, como todos los planetas; este movimiento explica tanto el movimiento aparente del Sol hacia el este como los movimientos aparentes (directos, hacia el este, y retrógrados, hacia el oeste) de los planetas.

Según el movimiento de rotación diaria, hacia el este, lo que explica el movimiento aparente del Sol durante el día hacia el oeste, la alternancia del día y la noche, la diversidad de estaciones, y el movimiento aparente nocturno del cielo estrellado.

Y por último, según el movimiento cónico y anual del eje de rotación, llamado de declinación, hacia el oeste en su extremo norte, la Tierra gira alrededor de su propio eje como una (lenta) peonza; el efecto de este movimiento sería mantener el eje de rotación de la Tierra siempre en la misma dirección.

Con los movimientos de la Tierra explica Copérnico todos los movimientos celestes. En particular, las dos grandes irregularidades de los planetas, que desde antiguo habían constituido el problema que la astronomía debía explicar: el movimiento de retrogradación de los planetas y su período de revolución. El sistema copernicano explicaba estos dos movimientos sin tener que recurrir a los epiciclos, o grandes círculos imaginados en que se movían los planetas ni, por supuesto, a los ecuantes ptolemaicos.

No siendo mucho mejor, desde el punto de vista matemático y astronómico, el sistema copernicano que el ptolemaico, el copernicano gozó pronto de gran aceptación: se impusieron la gran simplicidad y la armonía que atribuía al nuevo modelo astronómico de universo.

La teoría pasará a convertirse en el centro de todas las polémicas científicas y teológicas, será prohibida por la Iglesia, la causa de la condena de Bruno y Galileo y uno de los mayores fracasos de la política científica y cultural de la iglesia católica.
 


 

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