El Directorio
( 1795- 1799 )

El nuevo Directorio se limitó en la práctica a continuar la obra de la Convención termidoriana. El hecho más significativo de esta etapa fue la llamada Conjura de los iguales( mayo 1796), impulsada por Babeuf, filósofo utópico que, aprovechando el descontento popular, intento derrocar el gobierno e instaurar un régimen de tipo comunista. Babeuf y sus principales seguidores fueron guillotinados el 27 de mayo de 1797. Quedaba todavía pendiente la guerra. Aunque varios integrantes de la Primera Coalición habían firmado la paz con Francia, Austria e Inglaterra seguían la lucha. En ella destacaría por sus victorias Napoleón, primero en la campaña de Italia y después en la de Egipto, en su intento de bloquear el comercio inglés cuando se estaba gestando la Segunda Coalición, alianza antifrancesa entre las potencias europeas.
En la campaña de Italia consiguió el Directorio ampliar su política expansionista, formando una red de repúblicas hermanas alrededor de Francia que le proporcionaron pingües beneficios económicos. En estas guerras se forjó la aureola militar de Napoleón, que supo con sus dotes natas de organizador y su genio indiscutible para ganar batallas y atraerse fidelidades, aunque no sin crearse profundas enemistades. Pero la estrella del joven general, nacido en Córcega en el seno de una familia noble venida a menos, estaba en alza.
Mientras tanto, en París, el ejecutivo tenía que hacer frente tanto a monárquicos como a revolucionarios. Sucesivos golpes de estado (Fructidor, Floreal), debilitaron el poder urgiendo al Director, el ex-abate Sieyés, a buscar una solución para salir de la inestabilidad permanente, Sieyés logró rodearse de un grupo de personalidades partidarias de una revisión constitucional, pero dentro del marco de la moderación. El grupo así aglutinado encontró su brazo ejecutor en el joven y brillante general.
El 18 de Brumario (9 de noviembre) de 1799 Napoleón Bonaparte tomó el poder por las armas, abriendo una nueva etapa en la historia de Francia.
El general Napoleón Bonaparte, en aquellos momentos héroe de las últimas campañas, fue la figura central del golpe y de los acontecimientos que se produjeron posteriormente y que desembocaron en la Constitución del 24 de diciembre de 1799 que estableció el Consulado.
 


 


Bonaparte, investido con poderes dictatoriales, utilizó el entusiasmo y el idealismo revolucionario de Francia para satisfacer sus propios intereses. Sin embargo, la involución parcial de la transformación del país se vio compensada por el hecho de que la Revolución se extendió a casi todos los rincones de Europa durante el periodo de las conquistas napoleónicas.