T.  HOBBES.

Su teoría política la expone Hobbes en Elementos de la ley natural, De cive y el Leviatán.

El «Leviatán» es el hombre «artificial», el Estado, una manera que tiene el arte de imitar a la naturaleza. Es el  iniciador de la filosofía política moderna. Si para la filosofía anterior, basada en Aristóteles, el hombre es un «animal político» o un animal social, por lo que tiende naturalmente de forma instintiva a la sociabilidad, para Hobbes, ésta no es más que un acuerdo artificial, egocéntrico e interesado, que persigue como objetivo la propia seguridad y nace del temor a los demás. Resultado inevitable del acuerdo es el «dios mortal», el poder absoluto, el gran Leviatán.

La condición natural del hombre, el hombre sin Estado, o sin sociedad constituida, es la de un estado de «guerra de todos contra todos». Ésta es la situación en que se encuentra Inglaterra en la época de las guerras bajo y contra los Estuardo, y así es cómo cabría imaginar lo que sucedería si desapareciera el Estado en cualquier época determinada.  En una situación así, el hombre tiene derecho «a todo», incluida la vida de los demás. No es que no existan leyes (están las leyes naturales, entre ellas la de buscar la paz) lo que no existe es un poder que garantice el cumplimeinto de la ley: "Donde no hay poder común no hay ley. Donde no hay ley, no hay injusticia"

Por ello, la razón le aconseja a salir de este estado: buscar la paz por todos los medios posibles,  renunciar a sus derechos sobre todo, y a cumplir los pactos establecidos.  El mejor de los contratos es aquel en que se ceden los propios derechos en compensación a la cesión que la otra parte hace igualmente de los suyos, a favor de un tercero -resultante directo de la renuncia de todos-, llamado República, Civitas, Leviatán o Dios mortal. Al que acepta el resultado se le llama súbdito, y al que carga sobre sus hombros el poder de la persona moral resultante, soberano.



Leviatán









Capítulos XIII. De la condición natural....

La naturaleza ha hecho a los hombres tan IGUALES en sus facultades corporales y mentales que, aunque pueda encontrarse a veces un hombre manifiestamente más fuerte de cuerpo, o más rápido de mente que otro, aun así, cuando todo se toma en cuenta en conjunto, la diferencia entre hombre y hombre no es lo bastante considerable como para que uno de ellos pueda reclamar para sí beneficio alguno que no pueda el otro pretender tanto como él. Porque en lo que toca al más débil tiene fuerza suficiente para matar al más fuerte, ya sea por maquinación secreta o por federación con otros que se encuentran en el mismo peligro que él. (...)

(...) De esta igualdad de capacidades surge la igualdad en la esperanza de alcanzar nuestros fines. Y, por lo tanto, si dos hombres cualesquiera desean la misma cosa, que, sin embargo, no pueden ambos gozar, devienen enemigos; y en su camino hacia su fin (que es principalmente su propia CONSERVACIÓN (...) ) se esfuerzan mutuamente en destruirse o subyugarse. (...) No hay para el hombre más forma razonable de guardarse de esta inseguridad mutua que la anticipación; esto es, dominar, por fuerza o astucia, a tantos hombres como pueda hasta el punto de no ver otro poder lo bastante grande como para ponerle en peligro. Y no es esto más que lo que su propia conservación requiere, y lo generalmente admitido. (...)

(...) los hombres no derivan placer alguno (...) de estar juntos allí donde no hay poder capaz de imponer respeto a todos ellos (...) Es por ello manifiesto que durante el tiempo en que los hombres viven sin un poder común que les obligue a todos al respeto, están en aquella condición que se llama de GUERRA; y una guerra como de todo hombre contra todo hombre. (...) En tal condición no hay lugar para la industria (...) cultivo (...) navegación (...) artes (...) letras (...) sociedad (...); sino, lo que es peor que todo, miedo continuo y peligro de muerte violenta; y para el hombre una vida solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta.(...)

(...) Puede quizás pensarse que jamás hubo tal tiempo ni tal situación de guerra (...) De todas formas, qué forma de vida habría allí donde no hubiera un poder común al que temer puede ser percibido por la forma de vida en la que suele degenerar, en una guerra CIVIL, hombres que anteriormente han vivido bajo un gobierno pacífico. (...)

(...) De esta guerra de todo hombre contra todo hombre, es también consecuencia que nada puede ser injusto. Las nociones de bien y mal, justicia e injusticia, no tienen allí lugar. Donde no hay poder común no hay ley. Donde no hay ley, no hay injusticia. (...)

(...) Las pasiones que inclinan a los hombres hacia la PAZ son el temor a la muerte, el deseo de aquellas cosas que son necesarias para una vida confortable; y la esperanza de obtenerlas por su industria. Y la RAZÓN sugiere adecuados artículos de paz sobre los cuales puede llevarse a los hombres al ACUERDO. Estos artículos son aquellos que en otros sentidos se llaman leyes de la naturaleza.

Capítulo XIV. De las leyes naturales.....

El DERECHO NATURAL (...) es la libertad que cada hombre tiene de usar su propio poder, como él quiera, para la preservación de su propia naturaleza, es decir de su propia vida y, por consiguiente, de hacer toda cosa que en su propio juicio, y razón, conciba como el medio más apto para aquello (...) LIBERTAD (...) ausencia de impedimentos externos, impedimentos que a menudo pueden arrebatar a un hombre parte de su poder para hacer lo que le plazca, pero no pueden impedirle usar del poder que le queda, de acuerdo con lo que le dicte su juicio y razón. (...)

(...) Una LEY DE LA NATURALEZA es un precepto o regla general encontrada por la razón, por la cual se le prohibe al hombre hacer aquello que sea destructivo para su vida, o que le arrebate los medios de preservar la misma (...) el DERECHO consiste en la libertad de hacer o no hacer (...) la LEY determina y ata a uno de los dos, con lo que la ley y el derecho difieren tanto como la obligación y la libertad. (...)

(...) Y dado que la condición del hombre es condición de guerra de todos contra todos (...) se sigue que una tal condición todo hombre tiene derecho a todo (...) Y, por lo tanto, mientras persista este derecho natural de todo hombre a toda cosa no puede haber seguridad para hombre alguno (...) para vivir. Y es por consiguiente un precepto, o regla general de la razón que todo hombre debiera esforzarse por la paz, en la medida en que espere obtenerla, y que cuando no pueda obtenerla, pueda entonces buscar y usar toda la ayuda y las ventajas de la guerra (...) primera y fundamental regla de la naturaleza, que es buscar la paz, y seguirla, la segunda (...) defenderse por todos los medios que podamos.

De esta ley (...) se deriva la segunda (...): que un hombre está dispuesto, cuando otros también lo están tanto como él, a renunciar a su derecho a toda cosa en pro de la paz y defensa propia que considera necesaria, y se contente con tanta libertad contra otros hombres como consentiría a otros hombres contra él mismo (...)

(...) Renunciar al derecho de un hombre a toda cosa es despojarse a sí mismo de la libertad de impedir a otro beneficiarse de su propio derecho a lo mismo, (...) La transferencia mutua del derecho es lo que los hombres llaman CONTRATO. (...) Si se hace un pacto en el que ninguna de las partes cumple (...) es (...) nulo.(...) Pero en un estado civil, donde hay un poder establecido para obligar a aquellos que de otra forma violarían su palabra, aquel temor no es razonable, y por esa causa, aquel que debe a tenor del pacto cumplir primero, está obligado a hacerlo. (...) Un pacto de no defenderme a mí mismo de la fuerza, por la fuerza, es siempre inválido, porque nadie puede transferir ni renunciar su derecho a salvarse de la muerte, heridas y prisión (...) y por tanto la promesa de no resistir a la fuerza no transfiere derecho alguno en pacto, ni es obligatoria. (...)

Capítulo XVII. De las causas, generación y definición de una República.

La causa final, meta o designio de los hombres (que aman naturalmente la libertad y el dominio sobre otros) al introducir entre ellos esa restricción de la vida en repúblicas es cuidar de su propia preservación y conseguir una vida más dichosa; esto es, arrancarse de esa miserable situación de guerra que se vincula necesariamente a las pasiones naturales de los hombres cuando no hay poder visible que los mantenga en el temor, o por miedo al castigo atarlos a la realización de sus pactos y a la observancia de aquellas leyes de la naturaleza (...) leyes (justicia, equidad,..) (que) son por sí mismas contrarias a nuestras pasiones naturales, que llevan a la parcialidad, el orgullo, la venganza y cosas semejantes cuando falta el terror hacia algún poder. Sin la espada los pactos no son sino palabras y carecen de fuerza para asegurar en absoluto a un hombre. En consecuencia, a pesar de las leyes de la naturaleza (...) si no hubiese un poder constituido o no fuese lo bastante grande para nuestra seguridad, todo hombre podría legítimamente apoyarse sobre su propia fuerza y aptitud para protegerse frente a todos los demás hombres. (...)

(...) El único modo de erigir un poder común capaz de defenderlos (...) es conferir todo su poder y fuerza a un hombre o a una asamblea de hombres, que pueda reducir todas sus voluntades, por pluralidad de voces, a una voluntad (...) (una república) es una persona cuyos actos ha asumido como autora una gran multitud, por pactos mutuos de unos con otros, a los fines de que pueda usar su fuerza y los medios de todos ellos, según considere oportuno, para su paz y defensa común.

Y el que carga con esta persona se denomina SOBERANO y se dice que posee poder soberano; cualquier otro es SÚBDITO. (...)

(...) la condición del hombre nunca puede carecer de una incomodidad u otra; y que apenas es perceptible lo más grande que pueda alguna vez suceder al pueblo en general, dentro de cualquier forma de gobierno, comparado con las miserias y horribles calamidades que acompañan a una guerra civil, o con esa disoluta situación de hombres sin señor, sin sujeción a leyes, y sin un poder coercitivo capaz de atar las manos apartándoles de la rapiña y venganza.

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