Anne-Thérèse de Marguenat de Corcelles, marquesa de Lambert. (1647-1733)

Hija de un magistrado, que murio joven, fue educada en las letras por el segundo marido de su madre -Bachaumont, autor del Voyage-. Según Fontanelle "se hurtaba a menudo a los placeres de du edad para irse a leer en privado y se acostumbró por propia iniciativa a hacer pequeños extractos de lo que más le impresionaba. Eran ya o agudas reflexiones sobre el corazón humano o giros ingeniosos,aunque más a menudo reflexiones"

A los diecinueve años se casó con el marqués de Lambert y la muerte de éste se consagró a la administración de su patrimonio y la eduación de sus hijos. Para ellos escribió Avis d´e une mère à son fils y Avis d´e une mère à son fille. Escribió también Réflexions nouvelles sur les femme, La Vieillesse, Trataité de l´amitié.

En 1710 abrió las puertas de su salón -bellísamente decorado por Robert de Cotteque-, surgido en la época más gris de la corte constituyó el primer terreno de encuentro en pie de igualdad entre Versalles y París, entre el mundo aristocrático y mundano y el intelectual. Los días de recibo eran dos: el martes, dedicado a los literatos, eruditos y artistas; y el miércoles, a las persona de mundo. La distinción no era rigurosa y a menudo algunos asiduos intercambiaban los días.

Los martes comenzaban hacia la una de la tarde; se comía y después se debatían temas literarios y filosóficos, mientras que la política y la religión estaban rigurosamente proscritas. Los autores leían en voz alta sus obras más recientes y se invitaba a todos los presentes a expresar o a escribir un juicio. Estas reuniones estaban presididas por Fontanelle y las frecuentaban el marqués de Sainte-Aulaire, La Motte -dramaturgo-,  Marivaux, Hénault, Dortuos de Mairan -erudito y miembro de las dos Academias-, el abate Terrason -matemático y helenista-, el abate de Choisy, el señor de Sacy -abogado y traductor de Plinio-, ...... autores dramáticos: Campistron, Rameau,..... pintores: Watteau, Rigaud,.... Y entre las mujeres: madame de Staal-Delaunay, madame Decier -traductora de Homero-, madame Dreuillet,....

El tono del salón reflejaba el de la dueña: elegancia, atención a las convenciones, reflexión, culto moralizante; ser recibido allí era un honor pero exigía el respeto a reglas concretas. Pero esto no significaba, frente a la decadencia intelectual, la vulgaridad y el cinismo de la corte, una vuelta al pasado, sino una propuesta de honnête homme. Y una muestra de su independencia intelectual y libertad moral. Como muestras de ellas, apoyó las Lettres persanes y, gracias a su influencia garantizó la elección de Montesquieu como miemro de la Academia. Igualmente, fue la primera señora de alto rango que admitió en su salón a los actores -protesta contra su discriminación política y religiosa que suponía, entre otras cosas, la prohibición de ser enterrados en sagrado-.
 

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