Julie de Lespinesse




Comenzó sus andaduras en el Salón de Madame Du Deffand cumpliendo las funciones de ama de casa recibiendo a los visitantes asiduos a este Salón. Ambas van a crear unos de los ámbitos mundano e intelectual de la época. Coincide esta asociación con la edad de oro de Saint-Joseph que encarna, en estos momentos, el más perfecto Salón parisiense del S.XVIII.

Tanto sus aspectos como sus caracteres contrastan enormemente: animación, calor, color, apasionado,... deseosa de conquista, aprobación,... capacidad seductora,....

La recien llegada conquista pronto a los habituales del Salón: Hénault, Madame de Luxembourg y d´LAlambert (este último es una de las primeras personan a quien Julie conoce al llegar a París y va a despertar en él un sentimiento (que) dormía en lo más profundo de su alma, pero el despertar fue terrible. Tras consusmir sus primeros años en la meditación y el trabajo, percibió, como el sabio, la nada de los saberes humanos; sintió que no podía ocupar su corazón; exclamó, como la Aminta del Tasso: "Perdido es todo el tiempo que en amar no se gasta". Portrait de d´Alambert par lui-même (1760), Oeuvres, pág.12.)

Gracias a ella se empieza a hablar de filosofía, reformas, constitucionalismo, libertades republicanas.Y vienen nuevos visitantes atraídos en primer lugar por la presencia de d´Alambert: son los hombres de la nueva época de las Luces: Turgot, Condorcet, La Harpe, Grimm,... Un celoso sentido de la dición aristocrática se empareja con el impulso reformador de la nueva opinión emergente, la frivolidad cohabita con la pasión, la autoridad con la atención. Sain-Joseph alcanza su apogeo y durante una decada triunfa sobre los demás Salones parisinos, empezando por el rival, intelectual-burgués de madame Geoffrin.

La direfencia de caracteres provocó mas tarde la crisis y la brusca ruptura. Sin embargo, Julie de Lespinasse no quedó abandonada: "Todos los amigos de madame du Deffand se habían vuelto los suyos. (...) La duquesa de Luxembourg le quitó la razón a su vieja amiga y le regaló un mobiliario completo en el alojamiento que ésta tomó; el duque de Choiseul, le consiguió del rey una gratificación anual para subvenir a sus necesidades, y las sociedades más distinguidas de París se disputaron la dicha de poseerla.

D´Alambert,a quien la marquesa de Deffand propuso imperiosamente la alternativa de romper con la señorita de Lespinasse o con ella, no lo dudó un momento, yse entregó por entero a su joven amiga".Mémoires de Marmontel,pág.231-34.

Y por fin dueña de sí, la huérfana "sin fortuna", "sin nacimiento", da vida a un Salón que durante casi una década es el verdadero corazón de la vida intelectual parisiense. Si al principio lo que atrae a los invitados a la calla de Sain-Dominique es sobre todo la presencia de d´Alambert, muy pronto, sólo los retiene allí la fascinación de la dueña de la casa.
 

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