MARQUÉS DE SADE.  Escritos filosóficos y políticos.

El pensamiento político de Sade lo podemos encontramos en diversas obras:

Carta de un ciudadano de París a los franceses. Se defiende, en este texto, la idea de una monarquía que se base no en la herencia y la tradición, sino en el pueblo. La monarquía que aquí se defiende solo podía tener cabida dentro de los acontecimientos turbulentos que rodean a 1789.

Petición a los representantes del pueblo francés. Se inspira en los acontecimientos populares y en las ideas de Rousseau -que tanta influencia tuvo en el proceso revolucionario y en el pensamiento radical posterior-. En las diversas ocasiones en las que se dirigió al pueblos y a los legisladores defiende una filosofía materialista y ataca a las instituciones reaccionarias (monarquía y clero.

En estos años la filosofía era asunto de la calle, las plazas,... y había logrado sacar una conciencia revolucionaria en el pueblo. Las razones filosóficas llevaban en sí los intereses del pueblo: "El reino de la filosofía viene a aniquilar al fin al de la impostura.." Se trata de suplantar la religión sobrenatural por la veneración cívica.

 Ideas  sobre el modo de sancionar las leyes. Defiende una democracia y una constitución que cuente con la aprobación de todo el pueblo. Rechaza los prejuicios que consideraban al pueblo bajo incapaces de sancionar una ley. Aparece una crítica a los actos antidemocráticos de los legisladores.

Franceses un esfuerzo más.... (La filosofía en el tocador). Este discurso es un rechazo de los fundamentos teocráticos de la moral y la política.
 
 



Carta de un ciudadano de París al rey de los franceses.

Los franceses quieren ser libres y lo seran. (...) La vieja forma de gobierno ha cimentado estos abusos inherentes a esta forma viciada por los siglos y por su propia naturaleza. Ahora se tornan incoherentes y se extirparán. La idea nos hace sufrir y la libertad nos tiende sus brazos (...) sostendrá nuestro coraje y nos volverá capaces de todo. No queráis, Sire, oponeros a los efectos de la libertad ni degradéis a Francia ante los ojos de Europa diciendo que el voto unánime es obra de facciosos (...) La palabra facción lleva la idea de dos partidos... y sólo hay uno en Francia, una sola voluntad. (...) la palabra libertad es el grito nacional; el deseo de gozar y gozar eternamente es unánime y es obra tanto de la razón como de la sensatez, (...) Los abusos no pueden subsistir cuando la razón reina. (...) Obras de las tinieblas (...) no son sino una espesa noche de prejuicios, de fanatismo y de esclavitud. La antorcha de la filosofía se enciende y los errores se eclipsan y desaperecen ante la luz bienhechora, (...)

Ya no es tiempo, Sire, de asustarnos o encerrarnos, sino de hecernos admiradores de vos... y podéis realizar esto (...) Vos reinaréis (...) y lo haréis con apego a la ley. !Qué bello imperio, Sire, que quisistéis perder huyendo de nosostros! ¿Qué motivo pudo conduciros a este obrar? (...) ¿Saldríais de Francia como un emigrante? ¿Pretendíais vegetar en un rincón escondido de Europa? (...) ¿Querríais volver a Francia con las armas en la mano y reconquistar Versalles a costa de la sangre y de la muerte? No dudéis, Sire (...) que preferiríamos la muerte al renacimiento de vuestro antiguo despotismo. Habéis aplastado al pueblo y habéis mancillado el honor (...) el sentimiento más activo en el corazón del hombre (...)

¿Con qué ojos nos mirarían todas las naciones (...) si damos un paso atrás? (...) Sire (...) Si queréis reinar, reinad a una nación libre que os nombre su jefe. Que el pueblo y no Dios os de el mando (...) vuestra grandeza es obra nuestra: devolvédnosla dignamente y conservaréis el poder. (...) Con vuestro nacimiento, los franceses heredaron un rey que no habían pedido. Más vuestra conducto pudo, en vuestra misma persona, asumir con amor su responsabilidad (...) podéis reparar todo (...) el día de vuestra evasión todas las caras tenían ya no cólera, sino desprecio. (...) Un huir produjo en una noche un cambio de panorama. (...) Todos los corazones se reabren con la esperanza de vuestro regreso y todos se disponen a perdonaros. Escuchad lo que se os dice, (...)

Posiblemente me tomaréis (...) por un enemigo de la monarquía y del monarca. (...) Nadie en el mundo está tan intímamente persuadido de que el imperio francés no puede ser gobernado más que por un monarca, pero hace falta que éste, elegido por un pueblo libre, esté fielmente sometido a la ley... a la ley hecha por los representantes de la nación (...) el poder sólo puede residir en el pueblo (...)
 

Petición a los representantes del pueblo francés.

El reino de la Filosofía viene a aniquilar por fin al de la impostura. Al fin el hombre destruye con una mano los frívolos juguetes de una religión absurda y eleva en la otra un altar a la más preciada divinidad de su corazón. La razón reemplaza a María en nuestros templos. (...) Esta rápida marcha es obra más de nuestros hábitos republicanos que del progreso de nuestra razón (...)

(...) la tiranía (...) la superstición (...) son hijas del fanatismo (...) servidas por seres inútiles (...) sacerdotes (....) monarcas (...)

(...) que la piedad filial, la grandeza de alma, el coraje, la igualdad, la buena fe, el amor a la patria, la beneficiencia,.... que todas estas virtudes, digo, erigidas en algunos de nuestros viejos templos, sean los únicos objetos de nuestro homenaje y aprenderemos a seguirlas e imitarlas adorándolas. De los altares en que las adoremos pasarán a nuestras almas y la moral (...)
 

Ideas sobre el modo de sanción de las leyes.

!Hombres del diez de Agosto, no habéis dudado de sacar al déspota del orgulloso palacio (...) No habéis dudado en reconquistar con el precio de vuestra sangre la soberanía que era vuestra y que continúa siéndolo, después de este tercer año de Revolución (...) si dejáis escapar este poder adquirido por vuestra lucha, !cuántas dificultades para volverlo a tomar! (...)

La soberanía es una, indivisible e inalienable y vosotros la dividís repartiéndola y la perdéis transmitiéndola. Los ilustres hombres a que habéis apelado para hacer una Constitución nueva no tienen otros derechos que el someter sus ideas a vosotros. (...)

Si vuestros mandatarios pueden prescindir de vosotros para hacer las leyes y vuestra sanción les parece inútil, en este momento nacen los déspotas y vosotros sois esclavos. (...) Estáis perdidos si os imponen las leyes que no habéis aprobado, pues se imparte el poder sin que éste emane del pueblo y pronto eclipsarán los rayos de autoridad que sólo deberían salir de vuestras manos. (...)

(...) exigámosles que se consideren personas encargadas únicamente de presentarnos las ideas y nosotros los únicos capacitados en aprobarlas. (...) Acabad con esa vanidad que les dicta a los mandatarios la autosuficiencia de poder hacer ellos solos la tarea vuestra. (...) No hay necesidad alguna de que las leyes sean hijas de la precipitación y hay un gran peligro si están hechas con prisas (...) para mejor sancionar debe buscarse un cierto número de asambleas primarias donde los problemas sean bien expuestos (...)

(...) la mejor manera de sancionar las leyes (...) Sólamente la voluntad del pueblo debe aprobar las leyes y debe acudir en masa, sin elección, pues la elección es resultado siempre de una selección y habiendo ésta nacerían esos hombres cuyo arte es la evasión y que han conquistado los medios de eludir la ley. Y esto debe evitarse y vigilarse constantemente. (...)

(...) mis puntos de vista (...) están dictados, por el tono de su escritura, por el amor, la justicia y la igualdad... por el deseo vehemente de veros conservando una libertad que os ha costado cara. (...) Conozco todas las artimañas del despotismo. He estudiado a los hombres y los conozco: sé que renuncian sin pena al poder confiado y pronto se colocan en el marco del poder delegado. (...) El más glorioso de mis días fue aquel en que creí ver renaciente la dulce igualdad de la edad de oro, donde ví el árbol de la libertad cubrir con sus ramas bienhechoras los restos del cetro y el trono.
 
 

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