Retrato de Carlos III

 

LA FÍSICA Y LA QUÍMICA EN LA ESPAÑA DE LA ILUSTRACIÓN

 

 
La actividad científica en la España Ilustrada
Las Ciencias Fisicomatemáticas
El desarrollo de la Química en España

 

 

 

LA ACTIVIDAD CIENTÍFICA EN LA ESPAÑA ILUSTRADA

A lo largo del siglo XVIII, las minorías dirigentes bajo la nueva dinastía borbónica desarrollaron un gran esfuerzo para incorporar a España al ritmo general del Occidente europeo.

De acuerdo con los presupuestos de la mentalidad ilustrada, en dicho esfuerzo desempeñó un importante papel la promoción de la actividad científica y técnica. Ésta alcanzó su momento culminante durante el reinado de Carlos III (1759-1788) y, a pesar de algunos altibajos, es innegable que decreció en el de Carlos IV (1788-1808). El cultivo de la ciencia no siguió, sin embargo, una evolución rigurosamente coetánea con la de su promoción por parte de las minorías dirigentes de la sociedad española.

Uno de los aspectos básicos de la promoción de la actividad científica fue luchar contra el aislamiento del resto de Europa. En lugar de prohibir los estudios fuera de España, como se había hecho en la época de la Contarreforma, se concedieron becas para formarse científicamente en el extranjero. El procedimiento se inició con una disposición de Felipe V en 1718 y se hizo habitual durante la segunda mitad de la centuria, con pensiones oficiales y privadas, y con la misma intención se contrataron científicos y técnicos extranjeros: en matemáticas, el italiano Cipriano Vimercati; en química y minerometalurgia, los franceses Francisco Chavaneau y Luis Proust; el sueco Tadeo de Nordenflicht; etc.

 

 

Experiencias con la máquina electrostática de esfera de vidrio. Grabado de finales del siglo XVIII de V. Pascual Pérez

Por otra parte, los dirigentes ilustrados aspiraron a sentar las bases institucionales del cultivo de la nueva ciencia. Este fue uno de los motivos de la larga serie de intentos de reforma de las universidades y desarrollo en ellas de la enseñanza científica. Junto a ello, resultaba necesario crear nuevas instituciones científicas de orientación moderna, tarea a la que se dedicaron grandes energías con resultados satisfactorios en muchos campos.

La enseñanza científica alcanzó auténtica altura en centros dependientes de la Corona, del tipo del Seminario de Nobles, de Madrid (1725), o de iniciativas particulares, como el Instituto Asturiano, de Gijón (1794), que Jovellanos organizó con la finalidad principal de formar ingenieros y pilotos. La Real Academia de Ciencias y Artes de de Barcelona fue la primera de su clase en España. En 1785, el rey Carlos III y su primer secretario de Estado, el Conde de Floridablanca, decidieron fundar en la Corte una Academia de Ciencias "para promover el estudio, aplicación y perfección de la ciencias exactas".

 

LAS CIENCIAS FISICOMATEMÁTICAS

La difusión en España y la América española de las nuevas ciencias fisicomatemáticas durante las primeras décadas del siglo XVIII tuvo su mejor instrumento en el Compendio Mathematico de Tomás Vicente Tosca. La más importante es la parte dedicada a la física, que constituye la primera exposición sistemática española de la nueva disciplina, como ciencia "positiva" atenida a los datos de la experiencia y formulada en lenguaje matemático.

 

Jorge Juan

 

Jorge Juan (1713-1773), fue su protagonista de mayor altura. Se formó en la Academia de Guardiamarinas de Cádiz, una de las nuevas instituciones de mayor peso en el conjunto de la ciencia española de la Ilustración. En 1734 fue designado, junto a Antonio de Ulloa, para encabezar la participación española en una expedición al Perú, organizada por la Academia des Sciences de París, para medir un arco de meridiano terrestre. Desde 1735 hasta 1744 trabajó en dicha expedición, encargándose de las observaciones astronómicas y de las experiencias físicas, mientras que Ulloa realizaba las correspondientes a la historia natural. A su regreso, ambos expusieron los resultados en sus Observaciones astronómicas y phisicas...en los reynos del Perú (1748), obra rigurosamente al día en la que Jorge Juan, por ejemplo, utilizó el análisis infinitesimal, así como la astronomía y la física posteriores a Newton. Desde 1752 a 1766, Jorge Juan fue director de la Academia de Guardamarinas de Cádiz, donde fundó un observatorio astronómico, trasladado más tarde a San Fernando. A partir de 1770 dirigió el Seminario de Nobles madrileño, cuyos planes de estudios reorganizó profundamente. Su obra más importante es el Examen marítimo (1771), tratado de mecánica aplicada a la navegación, traducido al inglés, francés e italiano.

En el terreno didáctico, la síntesis más importante de la centuria la ofrecieron los Elementos de matemáticas (1779-1790) del catalán Benito Bails, "director de matemáticas" de la Academia de San Fernando de Madrid. La parte propiamente matemática, es una exposición al día que incluye el cálculo infinitesimal y la geometría analítica. Otros volúmenes se ocupan de dinámica, hidrodinámica, mecánica, óptica, astronomía, física e ingeniería civil desde una perspectiva matemática.

 

Antonio de Ulloa

 

El desarrollo de la Química en España

 

La Regia Sociedad de Medicina y Otras Ciencias, de Sevilla, con cuya fundación había culminado el movimiento novator   de finales del siglo XVII, fue la principal institución que agrupó a los cultivadores españoles de los saberes químicos durante la primera mitad de la centuria siguiente. Destaca entre ellos el médico murciano Diego Mateo Zapata, quién publicó, por encargo de la Sociedad, una defensa de los medicamentos químicos titulada Crisis médica sobre el antimonio (1701), un científico convencido de la importancia de la química desde una visión moderna de la materia fuertemente inclinada al atomismo.

 

 

Portada de la Palestra de Palacios

Junto a Zapata hay que citar al boticario toledano Félix Palacios, también miembro de la Regia Sociedad, cuya Palestra Pharmaceutica, Chimico-Galenica (1706) fue un tratado que contribuyó decisivamente, a través de nueve ediciones, a la difusión de la química entre los de su profesión. Palacios trdujo, además, el Curso Quimico del francés Nicolás Lemery, versión que apareció prolongada por Zapata en 1721 y que fue la primera exposición sistemática de la química en castellano.

La renovación de la minerometalurgia se inició algo mas tarde. Como punto de partida puede señalarse la primera descripción científica del platino por Antonio de Ulloa, en colaboración con Jorge Juan, en su obra Relación histórica del viaje a la América meridional en 1748.

El francés Francisco Chavaneau consiguió en 1777 una técnica rentable de purificación del platino. Fue el primer profesor de química que tuvo el Real Seminario Patriótico de Vergara. Debido al prestigio que ello le proporcionó fue nombrado en 1787 director de la Real Escuela de Mineralogía de Madrid, así como del laboratorio de Química Metalúrgica.

También iniciaron en Vergara su trayectoria docente e investigadora los hermanos riojanos Fausto y Juan José de Elhuyar. Las investigaciones de este último le llevaron al descubrimiento del wolframio, que comunicó al mundo científico en una monografía impresa en 1783. Fausto Elhuyar fue catedrático de mineralogía del Real Seminario de Minería de México, donde descubrió en 1801 el vanadio.

Otro importante científico que pasó por el Seminario de Vergara fue el Francés Luis José Proust. En 1786, y por recomendación de Lavoisier, Proust se encargó de la enseñanza de la química y la metalurgia en la Academia de Artillería de Segovia, así como del laboratorio químico allí instalado, que era entonces uno de los mejores de Europa. Había realizado en España la práctica totalidad de sus aportaciones científicas, entre ellas la formulación de las proporciones definidas.

El boticario Pedro Gutiérrez Bueno representaba otra vertiente de la química de la época, en primer término por su labor didáctica como profesor de química. Hay que destacar su traducción de los trabajos de Lavoisier  y otros autores, que promovieron la nueva nomenclatura química en una fecha, 1788, simultánea a la versión inglesa y muy anterior a la de los demás países; en la misma temprana fecha publicó ya un análisis crítico de dicha nomenclatura el médico cordobés Juan Manuel de Aréjula. la otra faceta de la obra de Gutiérrez Bueno, fue la química industrial: dirigió una fábrica de ácido sulfúrico y una instalación de blanqueo de tejidos, ideó nuevas técnicas y publicó diversas obras sobre el tema, entre ellas una titulada Manual de arte de vidrería en 1799

 

Algún material de laboratorio usado por los químicos de finales de la Ilustración

 

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