Fuentes naturales y artificiales de radiación
El enorme auge y la creciente utilización en las últimas décadas de fuentes
artificiales de radiación no debe hacer creer que los seres vivos
han sufrido por primera vez los efectos de la radiación en este siglo.
El hombre siempre ha vivido, desde su aparición sobre la Tierra, en un
medio ambiente radiactivo.
El ciudadano medio recibe una cantidad de radiación de origen natural
(por tanto inevitable) muy superior a la que recibe de fuentes artificiales.
Es esta última la que puede y debe ser sometida a control. Pero unas limitaciones
excesivamente restrictivas pueden incidir muy negativamente en determinados
aspectos del desarrollo y del progreso. Unos criterios demasiados elásticos
pueden tener consecuencias graves para la salud pública de las generaciones
presentes y de las venideras.