Primeras aplicaciones médicas: El gran escándalo del radio


Entre 1920 y 1930, William J.A. Bailey fue enriqueciéndose gracias a su patente de una medicina que contenía radio hasta que causó la muerte un personaje importante de la sociedad americana (M.Byers). El escándalo contribuyó a la introducción de normas de regulación del uso de radioisótopos.

Bailey creó un medicamento, el Radithor, que no era más que radio disuelto en agua destilada, y que se anunciaba como un remedio científico para curar todos los males, entre ellos la impotencia masculina. La muerte de Byers, que comenzó en 1927 a consumir un frasco de Radhitor al día, se consideró por envenenamiento por radio.

El consumo de Radhitor provocó la destrucción de los huesos y su muerte en 1932, lo que provocó un gran escándalo e hizo que se retiraran de las farmacias los remedios radiactivos.

Por la misma época murieron diversas personas que pintaban esferas de reloj con radio, tras una enfermedad renal y deterioro general de los huesos. Bailey produjo diversos fetiches radiactivos:

70 años después, los botes de Radhitor siguen siendo peligrosamente radiactivos, y los dientes y huesos de Bayers, Bailey y otros consumidores presentan todavía niveles altos de radiactividad residual. Mucos afectados sucumbieron pronto, y otros como el propio Baileys, alcanzaron edades considerables, a menudo sin sufrir ninguna afección que pudiera atribuirse claramente a la radiación. Se desconoce el motivo de tan extraordinaria variabilidad en los efectos a largo plazo de la radiación.