De ahí su nombre: en 1709, en Florencia, un constructor de clavecines llamado Bartolomeo Cristofori da a conocer públicamente el invento del clavicembalo col piano e forte, o lo que es igual, clavecín con sonido piano y fuerte, al que poco después llamarán pianoforte, que simplificando nos queda su nombre actual: piano. Cristofori, considerado como el padre del piano, consigue diseñar un mecanismo en el que la cuerda es golpeada por un macillo articulado, que, una vez percutida la cuerda, cae y se libera, posteriormente, al levantar la tecla la cuerda recibe al apagador que extingue definitivamente el sonido. El macillo percutor es recogido en un determinado instante de su caída y puesto de nuevo a punto para una posterior percusión. Cuerda, macillo, palanca, atrape, escape y apagador son los elementos básicos del piano de Cristofori.
Como muchos inventos geniales, hicieron falta unos setenta años para que la comunidad musical se diera cuenta de las enormes posibilidades del nuevo instrumento. Así, hacia 1730 un constructor alemán, Gottfried Silbermann, lo adapta a sus primeros pianos fabricados. A este personaje apasionado y extravagante se le debe los primeros trabajos de fabricación verdaderamente terminados, pero tampoco tuvo demasiado éxito: coincidió con Juan Sebastián en la corte, y dado que a Bach no le satisfizo el nuevo instrumento que era demasiado rudimentario, Silbermann fue obligado por Federico II de Prusia, su "patrono", a destruirlos con un hacha (el despotismo de los señores era descomunal: pobre Silbermann, forzado a destruir su obra). Once años más tarde, en un segundo encuentro con el mayor organista de la época, éste se mostró más entusiasta, empezando así la propagación del nuevo instrumento de Cristofori. Silbermann tuvo una influencia directa sobre el desarrollo paralelo de las escuelas anglosajona y vienesa a través de sus dos alumnos más conocidos, Zumpe y Stein, .
En los años siguientes el mecanismo del pianoforte fue mejorando e interviniendo poco a poco en la vida musical de la época: en 1767 un piano Zumpe entra a acompañar en un recital de canto en Londres. El 2 de junio del siguiente año, el hijo de Bach, Johann Christian, da un recital con otro piano Zumpe. Este hecho fue importante, ya que Johann, clavecinista de gran prestigio y profesor titular de la reina, conquistó a gran parte del público y aficionados al clavecín, que todavía gozaba de muchos adeptos. Más adelante, John Broadwood desarrolla el mecanismo del pianoforte entre 1767 y 1772, en la denominada "gran acción" inglesa. Estos pianos, menos refinados que los de Cristofori, intentan ganar potencia de ataque lazando el macillo sobre la cuerda por una palanca intermedia puesta en movimiento por una "falsa escuadra" articulada sobre la tecla. La fuerza de sonido de estos nuevos pianos aumenta, pero con el inconveniente de que es preciso dejar retornar completamente la tecla a su estado de reposo para que pueda volver a ejecutar una nueva nota, requiriendo así un gran esfuerzo por parte del instrumentista. Broadwood empieza a fabricar "en serie" y sus pianos de cola empiezan a suplantar definitivamente a los clavecines.
Johann Andreas Stein, alumno de Silbermann, hereda de su maestro la constancia de los investigadores: somete sus tablas armónicas a las peores inclemencias atmosféricas y las refuerza con secretas técnicas de encolado. Adopta la mecánica de Cristofori en cuanto a que instala un apagador independiente por cada tecla. Los macillos están en contacto directo con las teclas, siendo el movimiento mecánico comparable a un rebote. Todo ello dio a sus pianos una ligereza de teclado, velocidad de respuesta y repetición, flexibilidad de líneas que sedujeron al mismísimo Wolfgang Amadeus Mozart en 1777. La mecánica de Stein permite un control muy refinado de la pulsación, que guió mucho a los clavecinistas acostumbrados al clavicordio, ya que se obtiene distintos colores de sonidos derivados de la potencia. Posteriormente, Nanette, hija de Stein, hereda el negocio de su padre, y sus instrumentos gustaron entre otros, a Beethoven, por su refinamiento armónico.
En Francia destaca Erard, quien en 1790 produce un piano de cola que se singulariza por un original sistema de "falso macillo" que agiliza mucho los teclados ingleses. En su preocupación de mejorar la rapidez y respuesta del teclado, reforzando al mismo tiempo la sonoridad del conjunto, pasa de fabricar pianos con dos cuerdas por tecla a tres. En 1780 provee a sus pianos del pedal de resonancia. Ya en el siglo XIX y en el 1809 patenta un mecanismo de repetición llamado con estribo, el macillo está más cerca de la cuerda. Al año siguiente crea el primer media-cola, acortando las cuerdas en los registros agudos y obtiene, con toda justicia, la medalla de oro en la primera exposición de 1819.
Todos estos progresos en la mecánica del instrumento llevados a cabo en las tres capitales musicales: Londres, Viena y París, arrastran definitivamente a los clavecinistas a pasarse al piano. Haydn adquiere un piano en 1788, aconsejando a sus amigos lo mismo, aunque aún escribe sus concerti para clavecín o pianoforte indistintamente. La siguiente generación prefiere sin dudas al piano. Muzio Clementi es el ejemplo más representativo de la primera generación pianistas.