En el año 332 a.C. Alejandro el Grande entró en Egipto, donde fundó la ciudad de mármol de Alejandría, en la desembocadura del Nilo. Un siglo después, Alejandría era una metrópolis cosmopolita con un millón de habitantes y había sustituido a Atenas como centro de la ciencia griega.

 

En 306 a.C. Tolomeo, un general de Alejandro, asumió el gobierno de Egipto y fundó la dinastía que llevó su nombre. Tolomeo, como Alejandro, había sido discípulo de Aristóteles. A su llegada a Egipto le afligió darse cuenta de que la investigación científica en ese país estaba totalmente enredada con la institución religiosa. Se dedicó a cambiar esta situación, poniendo los estudios científicos bajo los auspicios del Estado; fundó el Museo, un gran instituto dedicado a la investigación y a la enseñanza. (Aunque estaba ligado con el Liceo de Aristóteles, se parecía más a un moderno Instituto de Estudios Avanzados.) En el Museo estaban representadas todas las principales escuelas filosóficas de la Antigüedad; el gobierno empleó a más de cien profesores y construyó la gran biblioteca; un zoológico, jardines botánicos, un observatorio y salas de disección. Alejandría pronto albergó a algunos de los científicos más importantes del mundo antiguo. Cuando Egipto se convirtió en colonia romana en el año 30 a.C., Roma siguió siendo la sede del poder político, pero Alejadría se volvió el eje intelectual del imperio.