¿Son incompresibles los matemáticos? Ciertamente. ¿Son despreciados? Sin duda alguna. Los dos comentarios más frecuentemente oídos cuando a alguien se le presenta un matemático son "Odio las matemáticas" o "Las matemáticas me asustan", aunque estos dos comentarios se pueden combinar en el único e incomparable de "Odio las matemáticas y me asustan".
    ¿Por qué a los matemáticos se les tiene que bombardear constantemente con tales observaciones? ¿Por qué tanta gente considera el tema como el equivalente académica de la cirugía ocular sin anestesia? ¿Fueron, cuando niños, mordidos por un matemático? Tras investigar el tema, se descubren dos fuentes comunes de aversión a las matemáticas: o el encuestado tuvo una vez un terrible profesor de matemáticas o cree que tiene una incapacidad absoluta para las matemáticas.
    La primera excusa, la de un mal profesor, está muy extendida y es muy notable. Personas que olvidan cosas como su fecha de aniversario de boda o el nombre del actual presidente pueden, sin embargo, acordarse con absoluta claridad de un nefasto profesor de Álgebra después de décadas. Siempre podemos discutir si el señor Pérez o el señor García realmente fueron tan terribles profesores como se dice o si los malos recuerdos son los que se graban más profunda y oscuramente.
    Pero si el mal profesor de matemáticas es una excusa compartida por millones, aún más corriente es la explicación, "yo no pude nunca estudiar matemáticas y nunca lo haré". Esta es una confesión que todo profesor de matemáticas ha oído ciento de veces. Y sugiere que el éxito en matemáticas es algo genético. De la misma que algunas personas nacen con ojos azules, otras nacen con capacidad para las matemáticas. Y si uno no ha nacido con estas cualidades, está destinado en matemáticas a ser el cesto de los papales y nada puede cambiar ese destino.
    No es fácil hacer desistir a las personas de esa actitud. Muchos que encuentran dificultades en matemáticas concluyen rápidamente que el fallo radica en los astros y no en ellos mismos. Muy pocos sacan la conclusión contraria de que un poco más de estudio podía servir de ayuda.
    Así, los matemáticos se abaten a la vista de tan feroces ataques. Los colegas de otras disciplinas raramente encuentran actitudes similares. Es difícil imaginar el siguiente diálogo en una clase de historia:
            Profesor:"George, ¿quién era el presidente de los Estados Unidos durante la guerra civil?".
           George: "Hum...,hum,...,hum...Lo siento, profesor, yo nunca pude estudiar historia".
 
    Desgraciadamente, algunos no sólo cantan un mantra matematofóbico, sino que lo cultivan. Esto es cierto incluso en personas con una educación superior, si un matemático se jactara de no haber leído nunca nada de poesía, sería inmediatamente tachado de ignorante. Sin embargo, el poeta que admite ser un analfabeto matemático con frecuencia lleva este analfabetismo como una divisa de orgullo. Esto no parece equitativo.
    Pareja con una falta de compresión matemática corre la incapacidad de reconocer la importancia de las ideas matemáticas. Imagínese la escena siguiente:     De echo, la fórmula anterior

                                               ¥        2               __
                                             ò 0  e-x  dx  = Ö p  /  2
 

no sólo es verdadera, sino esencial para entender la distribución normal de la probabilidad. La distribución normal, a su vez, subyace en el corazón de la inferencia estadística. La investigación médica, los datos de las encuestas y montones de otras cuestiones importantes dependen de la validez de esta fórmula. Como tal, es mucho más importante para la vida moderna que los dragones de Komodo o los vinos de mesa. Sin embargo, pocas personas que no son matemáticas tienen el más mínimo aprecio del poder encerrado en este conjunto de símbolos. Sólo otros matemáticos lo "captan" totalmente. Como grupo deben enfrentarse lo mejor que puedan con esta falta de comprensión del público. Es la dura realidad de la vida.
    Y así, si uno se tropieza con un grupo de individuos con gafas, atolondrados, todos ellos hablando seriamente, algunos llevando calcetines y sandalias, y ninguno con bata de laboratorio; si parecen  constituir un grupo finito haraganeando alrededor de una tabla trigonométrica haciendo chistes malos, y, ademas, si alguno de ellos piensa que los Three Stooges son en absoluto divertidos, entonces se pueden aportar confiadamente que nos encontramos en presencia de matemáticos.
    Por favor, trátelos con cariño.
 
 
 
 
 

 
 



 
Este trabajo procede de la obra "EL UNIVERSO DE LAS MATEMÁTICAS" de William Dunham, Ediciones Pirámide, S. A. - Madrid.   Ha sido realizado para el curso de SAEM Thales, Formación a Distancia a través de Internet, por M. Carmen Márquez García, cmgarcia@cica.es


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