CLAUDE DEBUSSY


"Parece casi pintar las luces y los colores con su música" (Claudio Abbado).

Compositor francés nacido en 1.862, merece probablemente el título de creador de la música del siglo XX: amplió el horizonte mirando a las músicas orientales y cambió la armonía al borrar el límite entre lo consonante y lo disonante. Intentó representar con música las impresiones creadas con la visión, los sonidos, las fragancias y el gusto, muy a la manera de los artistas impresionistas (palabra que no le gustaba para su música) que, como Monet y Renoir, pintaban campos difusos salpicados de luz, o París bajo la lluvia: el primer concierto en Bruselas consagrado a obras suyas tuvo lugar en una galería adornada con cuadros de Renoir. Sus obras se funden siempre con temas tomados de la poesía y la pintura: "la música está hecha de colores y de tiempos ritmados", decía. Para crear los sonidos impresionistas que deseaba, Debussy requería un nuevo lenguaje musical, nuevas ideas y técnicas que experimentó.

Aunque no iba con frecuencia a la escuela, ingresó en el Conservatorio de París con 11 años, donde su imaginación musical y sus extrañas armonías eran miradas con recelo. De hecho, varios años después, otro alumno fue expulsado porque le encontraron una partitura de Debussy. No es difícil comprender que al público de París le tomara largo tiempo familiarizarse con estos nuevos sonidos musicales. Él tampoco aceptaba la moda musical de aquel tiempo: "Allí siguen produciendo curiosos ruidos que las personas que pagan llaman música… No las crea usted", decía del Teatro de la Ópera, a la que comparaba con una estación de ferrocarril o con un baño turco.

Las audiencias actuales consideran exuberante, sensual y mágica la música de Debussy, pero en su tiempo el público la consideraba a veces un absoluto caos. Sin embargo, Preludio a la siesta de un fauno, música para acompañar el recitado o representación de un largo poema de Mallarmé, consiguió tal éxito en su primera audición que tuvo que repetirse a petición del público. El mar ("su viejo amigo", le llamaba), Nocturnos e Imágenes son otras de sus obras más importantes, junto a títulos menos conocidos como El viento en la llanura, Los sonidos y los perfumes vuelan en el aire del atardecer.

Su modesta familia se ocupaba poco de la música, excepto su padre, militar aficionado a la ópera, que deseaba que Claude fuese marino. Muy joven, viajó a diferentes países como pianista, entre ellos Rusia, donde conoció la música popular gitana y rusa; varios años después fue a Roma, donde consiguió ganar un importante premio, el "Grand Prix". En París, en la "Expo" de 1.889, escuchó música española (llegó a estar en una corrida de toros en San Sebastián) y javanesa, que le causaron una extraordinaria y profunda impresión.

Tres años después, leyó en una tarde la comedia Pélleas y Mélisande, en la que trabajó diez años poniéndole música: en la primera interpretación fue tomada a risa, aunque después se hizo famoso; Cocteau dijo de ella: "Una música para ciegos". Con 46 años compuso El rincón de los niños, que dedicó a su hija de tres años: "A mi muy querida y pequeña Chouchou, con las más cariñosas disculpas de su padre por todo lo que sigue ahora".

Durante gran parte de su vida vivió con problemas económicos y para conseguir ganar algún dinero trabajó de periodista y dirigió, aunque no le gustaba, obras suyas en diversos países. Cuando comenzó la guerra se agravó una enfermedad que padecía, y falleció mientras se desarrollaban los últimos combates, pasando su muerte casi desapercibida.