Por presumir de certero
un tirador atrevido
se encontró comprometido
en el lance que os refiero:
Y fue, que ante una caseta
de la feria del lugar
presumió de no fallar
ni un tiro con la escopeta
y el feriante alzando el gallo
un euro ofreció pagarle
por cada acierto y cobrarle
a 60 céntimos el fallo.